El “Año del Centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz” se ha denominado acertadamente al 2026, en que celebraremos los 100 años de su natalicio en agosto, pero que inunda ya de iniciativas y razones el año trascendente que iniciamos.
Lo hacemos en medio de dificultades inmensas, de mayores asfixias y amenazas del enemigo imperial e impotente que no ha podido derrotarnos y en un mundo convulso y con desigualdades inimaginadas, mas, con la convicción y el compromiso de los agradecidos que en tu tierra y el mundo acompañan tu batallar, que no te enclaustran en piedra fúnebre ni te relegan a la legendaria Sierra Maestra, porque eres guerrillero de todos los tiempos.
Como expresara el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en la sesión ordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular de diciembre último: “Será el año para estudiar más (…) su pensamiento, para emular su ejemplo de trabajo incansable, de fidelidad a los principios y de confianza absoluta en el pueblo y en la victoria de las ideas”, en que cada tarea emprendida “desde las más complejas transformaciones económicas hasta el más sencillo gesto de solidaridad, lleve impregnado el espíritu fidelista de lucha, su profundo amor por el pueblo y su inclaudicable compromiso con la justicia social”.
Es “la manera más consecuente de honrar –enfatizó el también Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba– al hombre cuyo centenario nos convoca a ser mejores, a defender lo conquistado y a construir con optimismo el futuro”.
Más que recordarlo como héroe extraordinario e invicto, se impone traerlo al presente y continuar la senda por él trazada, con la participación de todo el pueblo para fortalecer la obra erigida con su pensamiento avanzado y la acción cultivada a la par del ejemplo que es fuente de enseñanzas, más necesarias en la actualidad como el líder visionario que además de adelantarse a su tiempo, advirtiera del peligro imperialista y propusiera mejores caminos a la Humanidad.
Hondo es el sentimiento de gratitud del pueblo hacia quien, con su pensamiento y quehacer, inculcó una manera de hacer que hoy constituye la esencia teórica y práctica de la Revolución.
Convertir en actos concretos su enseñanza de que “sí se puede”, trabajando día a día por una Cuba orgullosa de su soberanía, próspera y digna, cada vez mejor, más justa, más solidaria, es empeño de la etapa y del programa que define como objetivo esencial para honrarlo, potenciar el estudio de su obra, la investigación de su pensamiento, así como la promoción de sus convicciones e ideales.
Siempre sorprendente es este hombre universal. En sus discursos, comparecencias y otros textos, por ejemplo, nos legó reflexiones y advirtió sobre temas tan diversos como polémicos y estratégicos, con el ferviente deseo de defender la verdad, desterrar tergiversaciones, alertar y salvarnos de los peligros que acechan.
Pero en el homenaje que se tributa al líder querido y admirado por los cubanos y paradigma para otros pueblos, especial motivación y oportunidad tendrán los niños, adolescentes y jóvenes que aspiran a convertirse en la Generación del Centenario de Fidel y asumir el papel protagónico junto a la dicha de mantener encendida la Revolución.
Cien Años con Fidel más que lema será orgullo y acicate para escribir con palabras la devoción y gratitud popular a quien, de hecho, es un país, es pueblo fundido en su gente, es lucha que continúa y sueño permanente, porque su nombre significa “el triunfo de la esperanza sobre el miedo, de la dignidad sobre la sumisión”.
Uno de sus anhelos y realizaciones más originales es la transformación del territorio pinero, donde convirtiera la cárcel en prisión fecunda, él mismo expresara, recorriera en decenas de visitas luego del triunfo revolucionario, dialogara con el pueblo y cuyo aniversario del nuevo nombre de Isla de la Juventud proclamado en 1978 y se funde en agosto al de su “verdadero descubridor e incansable reivindicador”, como definiera el Canciller de la Dignidad, Raúl Roa, al eterno joven rebelde que este 2026, como sentenció el poeta, cumplesueños, más que cumpleaños, mirando siglos y milenios.
A diez años de su partida a la inmortalidad y a una centuria de su nacimiento, frente a todas las tempestades, amenazas, enemigos, contratiempos y retos que nos impone la “economía de guerra”, él sigue siendo el Caguairán imprescindible, que continúa escribiendo e inspirando el heroísmo cotidiano, siempre burlando la muerte y enalteciendo la vida para todos los tiempos.
