Para Yunier Nael Jardines Mendoza, Arielis Reyes Rodríguez y Heini Arjona Cabrera, el verano no terminó con juegos en la playa, sino entre barras, espejos y el crujir de las zapatillas de ballet.

Los tres alumnos de la Escuela Elemental de Arte Leonardo Luberta Noy de la Isla de la Juventud, cambiaron los últimos días de sus vacaciones por un desafío mayor: el Taller Internacional de la Cátedra de Danza del Ballet Nacional de Cuba, un espacio de élite que consolida la fama mundial de la pedagogía dancística cubana.
Bajo la dirección general de la prima ballerina Viengsay Valdés y la coordinación de la maestra Mercedes Beltrán, el evento, celebrado del 11 al 24 de agosto, reunió a 150 jóvenes promesas de Argentina, Brasil, España, Estados Unidos, Italia, México y Cuba. El taller se erigió no solo como un campo de entrenamiento, sino como un crisol donde se forjan, desde la técnica, los lazos culturales de la isla con el mundo.
Cada uno de los pineros vivió la experiencia a su medida y regresó a casa con un botín invaluable. Para Yunier, fue la antesala perfecta y una fuente de experiencias irrepetibles que lo acompañarán ahora en su nuevo y desafiante camino en la Escuela Nacional de Arte. Arielis, por su parte, se midió en la categoría preprofesional, donde enriqueció y puso a prueba sus saberes dancísticos.
Pero sin duda, la historia que más roba sonrisas es la de Heini. Con solo diez años y en la categoría infantil, la más pequeña del grupo pisó fuerte y conquistó su primera experiencia internacional. Una vivencia que, como una semilla germinará con cariño a lo largo de su futura carrera danzaria.
El programa formativo fue intenso y exhaustivo. Impartido por experimentados profesores, abarcó desde los pilares fundamentales del ballet, clase, puntas, variaciones, pas de deux y repertorio hasta disciplinas opcionales como danza contemporánea, preparación física, maquillaje y jazz. Cada clase fue una lección de rigor y excelencia.
Más allá del ejercicio individual, el taller reafirmó el liderazgo pedagógico de la escuela cubana de ballet en el panorama global. Es un proyecto que trasciende la técnica académica para tejer una red de conexiones humanas y artísticas.
Yunier, Arielis y Heini no solo perfeccionaron un plié o una pirouette, se sumergieron en la tradición de una potencia danzaria y desde su talento, se convirtieron en sus más jóvenes embajadores. El verano concluyó, pero para ellos comienza la danza.
(*) Madre de Heini
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