DÍA INTERNACIONAL DE LOS DERECHOS HUMANOS

Zaida está agradecida

Foto: Víctor Piñero Ferrat

Zaida Jardines Reyes nació el 14 de agosto de 1960, en Santiago de Cuba, con las piernas semejantes a dos trompas de elefantes: descolgadas, sin fuerza ni rodillas, a causa de una enfermedad sufrida por su mamá durante el embarazo.

Las podía guindar al cuello por la flacidez, tenía encogidas las plantas de los pies y de estos solo apoyaba el lado derecho de uno y la punta del otro…, más bien se arrastraba.

Así fue hasta los nueve años, aunque no iba a la escuela en la casa  la enseñaron a leer y a escribir. Ya la familia se había trasladado hacia la entonces Isla de Pinos, a donde había llegado el padre a defender al territorio de las constantes agresiones enemigas.

Su existencia ha transcurrido en las salas y salones de operación del hospital ortopédico Frank País García. Allí la atendió un equipo multidisciplinario de alta calificación y el cirujano ortopédico Rodrigo Álvarez Cambras cuando despuntaba como el eminente investigador y catedrático que es hoy, al frente de ese Complejo Científico Internacional de Ortopedia y Traumatología.

“Gracias al sistema de Salud Pública cubano –explicó Jardines Reyes– puedo caminar pues recibí 12 operaciones, eso sin ningún costo.

“La primera vez que mi hermana Oneida me acompañó a la consulta en La Habana al hojear mi historia clínica se sobrecogió cuando vio la foto del estado en que ingresé al servicio y exclamó: ¡‘No puede ser ella’! La miré y le dije: ‘Esa soy yo, así nací‘ ”.

Su buen estado de ánimo y sonrisa sorprenden. Los vecinos del reparto Saigón ya están habituados a verla alegre, comunicativa: “Me valgo sola en la casa: limpio, cocino, lavo, hablo por teléfono con mi pareja…me arreglo, voy a la bodega, farmacia, consultorio, busco el pan, el almuerzo y comida que me dan en un comedor obrero cercano, incluso durante mucho tiempo cuidé a una niña que ya es una adolescente de secundaria y hasta me dice mamá.

“También trabajé en el Taller de Personas con Discapacidad Voluntad sin Límites. Me encanta el color azul, las flores, las fiestas y actividades culturales, escuchar la radio, leer la prensa y ver la televisión para estar informada.

“A mi papá le debo que pude estudiar y llegar a la secundaria; me llevaba adondequiera hasta que se enfermó y hace dos años falleció. Por suerte, recibí un triciclo manual asignado por la Asociación Cubana de Limitados Físico-Motores con el que voy a todas partes.

“Debido a la Revolución los médicos me devolvieron la salud y la esperanza de vida, ya cumplí 57 años, disfruto de los beneficios de la Seguridad Social, al jubilarme me otorgaron una chequera para mi propio sustento.

“La noticia de la muerte de Fidel me destruyó, lo lloré durante varios días como me ocurrió con mi padre. Al Comandante en Jefe le debemos que en Cuba se respeten los derechos humanos, si no fuera por él y la Revolución estuviera condenada a permanente en una cama, sería un vegetal o no existiría.

“Nadie me discrimina, tengo una vivienda propia, me pusieron una brigada para arreglar mi casa cuando el huracán Gustav la destruyó. Soy de las agradecidas y así lo digo a todo pulmón en la víspera del diez de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Isla de la Juventud
Mayra Lamotte Castillo
Mayra Lamotte Castillo

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana; tiene más de 40 años en la profesión.

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