Y se hicieron maestros

Entrevista-DestacamentoUna década atrás, después del asesinato del maestro voluntario Conrado Benítez, jóvenes como ellos, con menos edad, entre los que se encontraba Manuel Ascunce Domenech, respondieron de manera masiva a la convocatoria de librar a Cuba del analfabetismo bajo el lema El que sabe enseña al que no sabe y llevaron la luz de la enseñanza hasta recónditos parajes del país.

Eduardo Martínez Pérez y Marisel Ruano Ramos, rememoran en Isla de la Juventud aquella etapa en que siendo tan jóvenes dieron el paso al frente ante un llamado de la Patria

Entrevista-Destacamento

Fotos: Gerardo Mayet Cruz

logo_destacamento_pedagogicoUna década atrás, después del asesinato del maestro voluntario Conrado Benítez, jóvenes como ellos, con menos edad, entre los que se encontraba Manuel Ascunce Domenech, respondieron de manera masiva a la convocatoria de librar a Cuba del analfabetismo bajo el lema El que sabe enseña al que no sabe y llevaron la luz de la enseñanza hasta recónditos parajes del país.

Igual actitud tuvieron en 1972, ante el nuevo fenómeno suscitado como resultado de las primeras medidas de la Revolución: la creación de decenas de escuelas para el acceso de la creciente población infantil a los servicios educacionales.

En esta ocasión sí lo expresaron los alumnos de décimo grado –período en el cual terminaba la secundaria básica–, quienes guiados por un docente de experiencia asumieron la docencia y a su vez cursaron estudios superiores en los institutos pedagógicos.

Nació así el Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech, constituido su primer contingente el 19 de mayo del propio año, para formar a las sucesivas generaciones de cubanos y en respuesta a la pregunta de Fidel de cómo resolver el problema de los profesores de secundaria básica si cada escuela llevaría no menos de 40, cifra con posibilidades de incrementarse según la matrícula.

ANÓTEME EN ESA LISTA

La interrogante del Comandante en Jefe encontró su cauce en el llamado de la UJC, el cuatro de abril de 1972. Estudiaba en la secundaria 14 de Junio, nos reunieron a los de décimo grado para explicarnos  la necesidad de hacernos maestros porque no existían los suficientes en el país y había una explosión de matrícula sin respaldo estructural ni de personal humano, el reto era grande.

Son los recuerdos de Eduardo Martínez Pérez, conocido como el Guajiro, quien integró la segunda formación de esa fuerza en la especialidad de Matemática. Lleva 31 años en la docencia y en la actualidad labora en el centro mixto Martha Machado Cuní.

Nos dieron unos minutos para pensarlo y nos fuimos hacia el campo de naranja de frente a la escuela, meditamos en cuanto a las aspiraciones hacia otras carreras, en mi caso quería hacerme arquitecto, una vez considerado sin mucho titubear dijimos: “Vamo a’lante”, fueron incorporándose otros a la lista.

Rápido se organizó todo el plan de estudio; los que daban clases por la mañana en la escuela, recibían la formación por la tarde en el Pedagógico. Con la ayuda de un asesor, como le decíamos al profesor encargado de nuestra preparación, aprendimos a formular el objetivo, la manera de orientar el estudio individual, los métodos y los medios que utilizaríamos y demás elementos metodológicos.

La mayoría del claustro pensaba que no seríamos capaces de enfrentar con dignidad la tarea. Para demostrar que a pesar de ser unos adolescentes sí podíamos dar clases con calidad, igual que docentes experimentados, nos reuníamos por las tardes e intercambiábamos acerca de las principales dificultades y nos interesábamos por los resultados de las visitas metodológicas.

Con 18 años impartí mi primera clase en la secundaria Vanguardia de La Habana; a cuatro décadas de aquel suceso reflexiono en que ser parte de ese destacamento constituye una fuente de recuerdos, de significados positivos y hasta de orgullo por aportar mi grano de arena en uno de los principales procesos de la sociedad cubana.

No me arrepiento de mi decisión, el tiempo me demostró que no hubiese sido un arquitecto muy bueno, pero sí me confirmó mi amor por la Matemática, me encanta llevar a los estudiantes, a través del razonamiento deductivo, a desentrañar las relaciones entre cantidades y las magnitudes y sus operaciones.

Cada uno nosotros asumimos con mucha responsabilidad a pesar de ser unos muchachos, estábamos conscientes del momento histórico y de la urgencia de la nación; algunos ya no están entre nosotros, pero también dieron su concurso, concluyó Eduardo.

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¿MÉDICO?, NO, SERÉ MAESTRA

Marisel Ruano Ramos hizo llorar a su mamá cuando llegó a casa con la noticia de que sería maestra, ya su hermana lo era y la familia soñaba verla convertida en doctora, pero no, su decisión fue firme, integró en Santiago de Cuba el quinto llamado del Manuel Ascunce Domenech, el cual concluyó en la Isla.

Era una época difícil, mami lavaba y planchaba para sustentarnos, por eso cuando nos informaron de la convocatoria de integrarlo no lo pensé dos veces, siempre me gustó enseñar y ahora tenía la oportunidad, aunque ya daba clases como monitora de Matemática, rememora la actual jefa de grado, de la secundaria básica José Rafael Varona.

No rebasaba los 17 años, era muy flaquita y pequeña, mis alumnos me superaban en tamaño y corpulencia, pero me respetaban. Jamás olvidaré la primera clase que me visitaron en la secundaria Bungo 2, en Contramaestre, se trataba del movimiento en el plano: la reflexión, busqué hasta un espejo del albergue como medio de enseñanza, parecía una experimentada, fui felicitada.

Formular el objetivo no fue tan complejo para mí como cumplirlo en la medida que impartía la materia; los contenidos de geometría me resultaban fáciles porque tienen relación con la vida, permite al alumno razonar más y usar su imaginación.

Recibíamos un estipendio en la carrera, el cual oscilaba desde los 30, los 45 hasta los 90 pesos según el curso vencido, con aquel dinerito éramos reyes y suplíamos las necesidades básicas de cualquier muchacho de nuestra edad.

Los 30 años que llevo en Educación he sido parte del claustro de secundaria básica, en esta enseñanza me siento satisfecha; los estudiantes están en pleno proceso de desarrollo y necesitan de un guía que les moldee su personalidad, les inculque valores, fomente sentimientos y oriente vocaciones, finalizó Marisel.

 

 

 

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