RINCÓN DEL REDACTOR

¡Voy a ser periodista!

Siempre lo tuve claro, desde pequeñita ya lo sabía, aunque aclaro que no era la única. Todos los que me rodeaban lo sabían también: mis padres, mis amigos, mis maestros, incluso mis vecinos.

No sé ni cómo llego esa idea a mi cabeza, pero lo cierto es que ahí estaba: fija, inamovible, y cada día solo crecíamás. Me paraba frente al espejo a jugar y los imitaba, losimitaba a todos, hacía sus gestos, hablaba como ellos. La admiración que sentía mi alma por estos seres era inaudita con tan solo nueve años.

Mis padres decían que lo pensara bien, que si resolvía a dedicar mi vida a ello podía ser una decisión difícil, era una labor sacrificada… pero en el fondo se morían de ganas de que me dedicara a ella.

Es cierto que en ocasiones mostraba algunas aptitudes, siempre me han gustado las letras, me llevo bien con los libros y las palabras, me parecen el arma ideal para ganar cualquier batalla.

Pero aquel día llegó, me iba a probar a mi misma que estaba preparada, que podía hacerlo, mis padres iban a estar orgullosos. Fueron meses de estudio e investigación, de estar al tanto de todo, pero cuando me senté ante aquellas cuartillas de papel, supe que había valido la pena el esfuerzo. Ese fue uno de los pocos exámenes en los que disfruté tanto.

Al final quedamos cuatro, solo restaba esperar hasta que otorgaran las carreras. La espera fue dura, la incertidumbre de no saber cuántas plazas, como me iría en las “temidas” pruebas de ingreso, si era una buena idea irme lejos; pensar en eso era insoportable.

Para alegría de todas nos otorgaron la carrera a las cuatro, recuerdo que ese día cuando mencionaron mi nombre y después lo que iba estudiar, todos aplaudieron, todos menos yo. Me quedé como en choc, el sueño de toda mi vida se hacía realidad y no me lo podía creer, no sé cuantas cosas pasaron por mi mente: lloré, me reí, me espanté, todo eso en cuestión de minutos.

Hace ya más de un año de aquello, este es mi segundo curso en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Al principio tuve dudas, pero ya no tiene lugar en mi mente. Pronto llegaré a mi meta, a pesar de las dificultades. Ahora sí que me lo creo. ¡Voy a ser periodista!

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