Vocación y destino de la vanguardia intelectual y artística


Fidel en el IV Congreso de la Uneac.
Fidel en el IV Congreso de la Uneac. Foto: Archivo de Granma

El IX Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba ha sido y será mucho más que las dos sesiones previstas los días 29 y 30 de junio en el Palacio de las Convenciones de La Habana. Comenzó desde el mismo momento en que fue proclamada la convocatoria, hace un año, justo cuando conmemorábamos el aniversario 57 de las Palabras a los intelectuales pronunciadas por Fidel, y tuvo después un amplio e intenso recorrido en las secciones especializadas y las filiales provinciales de las Asociaciones que culminó con el reciente proceso de balance en todos los territorios del país.

Al mismo tiempo, de manera transversal y multidisciplinaria, centenares de miembros de la organización, agrupados en grupos de trabajo, abordaron una agenda que abordó temas relacionados con la proyección social de la cultura, la enseñanza artística, los vínculos con los jóvenes creadores, los medios de comunicación y las redes sociales, las industrias culturales y el mercado del arte y la incidencia del arte en el turismo. Luego, por supuesto, habrá que instrumentar y dar seguimiento a los acuerdos y propuestas.

Partícipe y testigo de estos avatares puedo afirmar que lo más relevante del proceso es la reafirmación del compromiso de la vanguardia intelectual y artística con la continua transformación revolucionaria de la realidad, que nos conduzca a una sociedad donde la plenitud espiritual, los ideales de justicia y equidad y la ética solidaria sean cada vez más entrañables.

Se trata de un compromiso con el destino de la Patria y de la voluntad compartida con un pueblo que lejos de renunciar a la edificación del socialismo, trabaja por hacer viable el modelo al que aspiramos y nos merecemos.

Críticos, inconformes, propositivos, con el propio funcionamiento de la organización y el de las instituciones culturales y la dinámica social, los escritores y artistas, con entera libertad y alto grado de responsabilidad,  entienden el debate como manifestación de su vocación participativa  y ejercicio de un deber irreductible que toma en cuenta las particularidades del momento histórico y a la vez dirige la mirada hacia lo mucho que pueden aportar desde la creación y su implicación con los diversos sectores de la vida nacional.

En tal sentido se pronunciaron por recolocar el análisis de la propia creación artística y literaria y su promoción en el centro de la actividad de las Asociaciones, pues solo mediante una producción cultural diversa y cualitativamente calificada, que articule tradición y actualidad, enlace líneas de continuidad y puntos de ruptura,  y decante lo sustancial de lo superfluo, se está en condiciones de satisfacer demandas y necesidades de los públicos y abrir a estos nuevos horizontes.

A lo largo del proceso hacia el Congreso se hizo énfasis en la imprescindible alianza entre educación y cultura. El papel formador de la escuela cubana no sería posible sin contenidos ni estilos culturales, entendidos estos mucho más allá del arte y la literatura, sino desde una perspectiva integradora e integral.

En Palabras a los intelectuales, Fidel anunció la inminente fundación de la Uneac e instó a que esta fuera «una fuerte asociación de artistas y de escritores» que contribuyera «con todo su entusiasmo a las tareas que les corresponden en la Revolución».

Ese espíritu ha prevalecido en el proceso hacia el IX Congreso y se corresponde con la confianza depositada por el General de Ejército Raúl Castro cuando en ocasión del aniversario 55 de la organización expresó: «La Uneac del presente continuará encarando con valentía, compromiso revolucionario e inteligencia, estos complejos desafíos».

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