Vivir la Revolución desde la descendencia

De los Ponce de León que aún viven, no es precisamente mi madre Isabel Julia la que más puede hablar de Eugenio su padre, pues era apenas una niña cuando él falleció un 21 de diciembre hace 59 años, pero con la llegada de cada primero de enero, los recuerdos del viejo Ponce llegan junto al dolor de haberlo perdido.

Las historias son muchas, pero la que más disfruto como nieta que desde pequeña añora la presencia de un abuelo, era aquella que me lo presenta con un andar irreverente y desafiante frente a los casquitos por todo el pueblo de Elia con un pañuelo rojo en el bolsillo de atrás del pantalón, como muestra inequívoca de su simpatía con los “alzaos”.

“Mi papá quería que triunfara la Revolución, sabía que sería bueno para el pueblo”,  me dice mi madre y no dudo que, a pesar de su falta de estudios, supiera distinguir en la idea de Fidel la tan ansiada libertad y fin del hambre, la miseria y los atropellos.

Una vez lo apresan los soldados de la dictadura de Batista, por lo del pañuelo, y entonces avisaron a mi tío Ángel que era uno de los “alzaos” y años después combatiente de Girón; esa misma noche un tal Pepe c…. junto a un grupo de los patriotas, a tiro limpio lo sacaron del cuartel y lo devolvieron a su casa sin represalias como consecuencias futuras.

Mi abuelo apoyaba a las hermanas mayores de mi madre, Mari Félix, Aurora y Margot en sus actividades clandestinas de traslado de mensajes y armas. También en las madrugadas, a escondidas, daba de comer a las tropas rebeldes que bajaban al pueblo.

No pudo alzarse, la numerosa familia lo tenía solo a él como sostén, pero sí hizo cuanto pudo y lloró como un niño mientras buscaba  durante días a Camilo Cienfuegos cuando desapareció.

Hoy en cada nueva realización en el país mi mamá piensa en su padre, en que si él las pudiera ver. Solo alcanzó a vivir un año de la naciente Revolución, pero tenía la certeza de que el futuro sería para sus hijos de bienestar e innumerables posibilidades.

Eugenio enseñó a su prole el valor del trabajo honrado, le inculcó integridad y amor por la tierra que lo vio nacer. Esa primera y segunda generación se destacan en diferentes sectores de la sociedad y los retoños estudian en los distintos niveles de enseñanza. Es verdad, el viejo Ponce no está, pero vive la Cuba de sus sueños desde su descendencia.

 

Rincón del Redactor
Yojamna Sánchez
Yojamna Sánchez

Licenciada en Literatura y Español en la universidad Carlos Manuel de Céspedes, Isla de la Juventud. Diplomada en Periodismo

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