Vivir de prisa

enfermeras-cubanasTac-tac-tac… Por el corredor, el paso de unas muletas inquietas advierte la cercanía de David. El tactactactac…, ahora dice de su apuro -casi carrera-, y de su presencia. El cuerpo menudo y audaz espanta la debilidad. Un tumor óseo impide el libre movimiento de uno de sus pies, pero no el del cuerpo, retador del mundo desde aquel simple apoyo.

En una lucha a brazo partido contra el tiempo, especialistas cubanos, bien experimentados en la materia, hacen malabares para ahuyentar el dolor. Vencer la enfermedad no depende solo de la fuerza del deseo
oncologia1aFotos: RAÚL CASTILLO

 
Tac-tac-tac… Por el corredor, el paso de unas muletas inquietas advierte la cercanía de David. El tactactactac…, ahora dice de su apuro -casi carrera-, y de su presencia. El cuerpo menudo y audaz espanta la debilidad. Un tumor óseo impide el libre movimiento de uno de sus pies, pero no el del cuerpo, retador del mundo desde aquel simple apoyo.

El pulcro pasillo de la sala de pediatría del Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología (INOR), en La Habana, es por momentos escenario de las habituales travesuras del muchachito. Allí, otros niños como él padecen, lloran, ríen, aman y, la mayoría de las ocasiones, vencen la apuesta por la vida. A pesar de no tenerlas todas consigo.

Rostros infantiles desafían un mal que llegó a sus vidas no por tener la piel de un color u otro, profesar ésta o aquella creencia, proceder de una familia con más o menos poder adquisitivo, o nacer en un punto geográfico determinado. La enfermedad no escoge.

La descubren generalmente después de permanecer por un tiempo agazapada y de mostrar de vez en vez, como los malvados, sus malsanas intenciones. Interrumpe de momento juegos, sed de conocimiento, interminables prácticas del baile de moda y hasta la cita con el primer amor.

Esa contienda tardía que se emprende contra el cáncer -muchas veces infructuosa en el caso de los seres humanos adultos-, en los niños tiene éxito porque responden muy bien al tratamiento. Lo asegura alguien que conoce como sus propios pasos la sala de Pediatría del INOR, por desandarla cada día desde hace quince años, y dirigirla durante casi una década: el doctor Jesús de los Santos Renó Céspedes. A cargo, además, de todo lo referente a la quimioterapia, en el Grupo Nacional de Oncología.

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¿Por qué negarles sus sueños?


Por eso cada día, más que el pesar de un diagnóstico fatal, lo sobrecoge saber que difícilmente estarán disponibles los medicamentos indispensables para aplicar en las distintas etapas del padecimiento. De existir los fármacos, la duda sería si alcanzarán las dosis destinadas a aplicarse en los distintos ciclos. Sucede a diario.

Llegará luego el instante, inevitable, de explicarles a los familiares que una fuerza mayor a todos los empeños nacionales en tal sentido, pone una valla infranqueable entre la salud de su pequeño y poder adquirir a tiempo la medicina que pudiera salvarlo.

Es el injusto castigo impuesto desde el Norte hace cuatro décadas, por vivir en esta Isla y querer ser auténticamente independientes. Cualquier privación material sufrida hasta entonces parecerá nimia, al presenciar deteriorarse sin remedio la salud del tesoro más valioso de la nación. Tan cruel como el mal que daña el cuerpo de los chicos enfermos, es el bloqueo económico.

Desatinos y rompesueños

El doctor Renó, uno más entre los rebeldes nacidos en Cuba, nunca echó a ver tanto el rigor del bloqueo como en la década aciaga de los años 90, cuando quedó interrumpido el comercio seguro y fijo con el campo socialista. Se fue a bolina el suministro racional y equitativo de los medicamentos y hoy es una odisea mantener los tratamientos.

Una galería de clásicos infantiles adornan las paredes del pasillo que conduce a la sala de pediatría del INOR.. Adentro, todo es higiene y trato esmerado. El patio, un verdadero parque de diversiones, donde los niños gastan sus energías al menor chance. Mientras, al son del juego despreocupado, los familiares renuevan la duda del mañana.

Del mito a la realidad

enfermeras-cubanasEl especialista que atiende al paciente con cáncer suele ser visto por muchos como un ser humano recubierto de una coraza para enfrentar el sufrimiento; nada mas alejado de la verdad. En su formación debe tomar de una mano la conciencia de la responsabilidad asumida, y de la otra, buena dosis de altruismo.

Gente con tales peculiaridades nutre las salas de oncología pediátrica del país: una en las provincias de Santiago de Cuba, Holguín, Camagüey, Villa Clara y Pinar del Río; y dos en Ciudad de La Habana.

Cuba reporta anualmente 300 casos de niños con cáncer, de los cuales el 80 por ciento son leucemias y el 20 tumores sólidos. Hoy el 70 por ciento de los pacientes se mantiene controlado. Aumentar esa supervivencia y mejorar la calidad de vida de los enfermos es la aspiración. Solo constituirá una garantía definitiva cuando el bloqueo desaparezca.

 


Con los ojos húmedos, Alina Sagarrete, una madre proveniente de la provincia de Holguín, confiesa la impotencia que sintió cuando en marzo de 2002 vio a su Osmanín, de tres años, desprotegido en medio de la enfermedad. Justo en esa fecha faltaron los citostáticos en el territorio donde vive. El niño fue remitido al servicio del INOR, donde por fortuna la ayuda solidaria crece. Cada cierto tiempo, madre e hijo recorren los cientos de kilómetros entre la ciudad natal y la capital, sorteando la suerte.

Sin embargo, otros muchachos ni siquiera en dicho sitio hallan el paliativo a su padecimiento. Los aquejados de tumores óseos no siempre pueden recibir oportunamente la llamada cirugía conservadora, por no contar la Isla con las endoprótesis para sustituir el hueso afectado.

Atados de mano

Al día de cuanto ocurre en la especialidad, los expertos cubanos han visto con desilusión el incremento de los precios de los citostáticos en el mercado internacional: hasta un 50 por ciento, durante los últimos cinco anos. También observan con preocupación el encarecimiento de los antibióticos, antivirales y los medicamentos de apoyo al tratamiento oncológico.

 

oncologia3El bloqueo atenta contra la aspiración de aumentar la supervivencia actual y mejorar la calidad de vida de los enfermos
 


Igualmente, ha subido el costo de las formas de tratamiento. Una muestra es que en la sala pediátrica del INOR recibieron y atienden a una niña a quien en los Estados Unidos le practicaron un trasplante de médula ósea por valor de 500 mil dólares, y no resolvió.

En medio de tal carestía, el doctor Renó especifica que actualmente Cuba no puede adquirir lo necesario para realizar los diagnósticos sistemáticos (este año ha sido más difícil que nunca). No hay equipos ni reactivos imprescindibles en las pruebas que detectan el avance de la tumoración y tampoco destinados a investigaciones de anatomía patológica. Se dificulta incluso la obtención de material quirúrgico y desechable, vitales en la era del SIDA y de la hepatitis B.

La entereza de los profesionales de la medicina cubana ha logrado superar los obstáculos para la entrada al país de literatura médica actualizada y otras publicaciones. Las trabas del bloqueo dificultan, asimismo, la participación de especialistas de la Isla en eventos internaciones, en los que su sólida experiencia resultaría valiosa.

El doctor Renó Céspedes se considera privilegiado en tal sentido; estuvo becado en Francia y participó en algunas conferencias mundiales. Esto le ha permitido comparar los conocimientos de los hombres y mujeres cubanos que defienden la oncología, y considerar que no se ubican muy lejos de los del primer mundo.

La humanidad deposita en la ciencia su esperanza eterna en la cura del cáncer. Los cubanos ambicionan a corto plazo poner coto a la insensatez. Debe aparecer por fin un remedio definitivo al despiadado azote mantenido por los gobiernos norteamericanos.

Osmani, Yolianni, Mercedes, Betsy, Náyade de la Caridad y Yansel, cuyas edades oscilan entre tres y trece anos, anuncian su prisa por vivir. Lo recuerda también David, desde el corredor de la clínica habanera, con sus inconfundibles pasos, tac–tac–tac… tactactac…

 

 

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