Virtuosos detrás del micrófono

Ahora que la COVID-19 nos impide disfrutar de nuestro deporte nacional y muchos añoramos las trasmisiones de la radio, sería oportuno repasar parte de la historia de nuestros narradores deportivos. 

Según las reseñas históricas, fue en 1922 que apareció la radio en las trasmisiones del béisbol, la que en alcance, extensión y exactitud narrativa era lo máximo en esos momentos. A través de sus ondas fue posible escuchar en cualquier sitio cuanto ocurría dentro de un estadio.

En la Isla de la Juventud durante los años 1977 a 1979 se realizaron intentos para llevarles a los aficionados los eventos deportivos que se desarrollaban, fundamentalmente los de béisbol, ya que muchos preferían escuchar el juego a través de la radio, como ocurrió más tarde también con la televisión.

Comenzaron en la década de los 80 a proliferar las trasmisiones radiales de nuestra Serie Nacional, los primeros narradores que alcanzaron popularidad aquí fueron Carlos Fuentes Alemán y Luis Marcos Rodríguez, que aunque no llegaron a consagrarse en la actividad, fueron los fundadores.

Foto: Archivo

Más tarde se sumaron Andrés Palacios “Telémaco”, Gilberto López y Gerardo Soler, este último con muy pocas oportunidades.

Las comparaciones entre personas que vivieron en diferentes etapas carecen de sentido. Todos cumplieron su faena. Cada uno de ellos, con su estilo ha dejado una huella en la historia de la narración pinera y eso es lo que deberíamos recordar y reconocer.

Fuentes Alemán tenía una voz potente y perfecta dicción, pero su talento para improvisar en el juego no era profundo y lo convirtieron en un narrador de escasa popularidad.

Luis Marcos no alcanzó la notoriedad esperada, tenía una voz profunda, pero a mi criterio, de exiguas posibilidades creativas, tuvo una actuación vertiginosa en la narración.

No hay duda de que llegó a conquistar una gran popularidad con el programa México le canta a la Isla más joven del mundo, pero su paso por las cabinas de trasmisiones deportivas fueron aceleradas. Quizás el período que se vivía lo llevó a introducirse en un campo que él no deseaba.

De Andrés Palacios (Telémaco), lo más importante resultó el empleo de un estilo beisbolero. No aturdía a los oyentes con datos estadísticos, tampoco utilizaba frases convencionales, ni se apartaba de lo ocurrido en el juego, simplemente describía.

Los aportes a la terminología del béisbol de Andy Telémaco han resistido la prueba del tiempo, y aunque el olvido ha amenazado su figura, la memoria se pone a prueba cada día para aquellos decididos a no permitir la desaparición de su legado.

Foto: Archivo

Añoranza, así pudiera definirse el sentimiento de muchos ante la ausencia de Gilberto López Brunet, quien este 2020 cumplirá 74 años. Durante décadas su voz trajo a los hogares las incidencias del pasatiempo nacional. Nos acostumbramos a su estilo, “Pacatán contra el muro”; a su forma especial para acercarnos al juego.

Gilberto era el decano de los narradores deportivos en el terruño, en él sobresalían su extenso conocimiento y manera de comunicarse con el público, características estas que aún lo convierten en una persona con un extraordinario nivel de credibilidad y en un referente para sus colegas.
Recorrer la vida de Gil López en pocas líneas es imposible. Nadie podría resumir en tan breve espacio las 32 Series Nacionales, además de su sensibilidad, no solo nos quedan sus excelentes narraciones, también están sus comentarios en el periódico Victoria, a diferencia de otros colegas que nunca llevaron a la letra impresa las emociones, alegrías, recuerdos y tristezas vividas en un terreno.

Hablar de Tony Lozada, es abrir una de las páginas selectas en la historia de la narración deportiva, es sinónimo de suavidad, con un manantial vivo de conocimientos sobre el deporte de las bolas y los strikes y una memoria prodigiosa que le ha permitido llevar las secuencias del juego sin la necesidad de una anotación.
En diversas oportunidades Frank Pupo La Rosa ha alternado la locución con la narración deportiva, y aunque no tuvo un camino fácil, supo desenvolverse y aprender de consagrados que lo apoyaron y brindaron la confianza necesaria para seguir adelante.
Pupo La Rosa, fue el nexo entre el antes y el después; tuvo su oportunidad y a base de sacrificio y consagración se ganó un puesto e inscribirse en la memoria de la narración deportiva por su versatilidad y dotados conocimientos.

Para ellos nuestro respeto, admiración y el eterno agradecimiento de su pueblo que hoy vive momentos difíciles, pero que no olvida ese arrojo que derrocharon y derrochan en cada trasmisión.

(*) Colaborador

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