Verdades de quinta generación

Tomada de Internet

Algo más de diez años atrás estaba sentado en una mesilla de mala muerte a la espera de un refrigerio, en uno de los tantos timbiriches que mucho abundan en el último sitio poblado a la boca del Orinoco. La isla de Apure, si no recuerdo mal, conectada por un cable submarino a la otra margen del río desde la cual le llega, por esa vía, la electricidad.

Un camarero panzón, quizás el dueño de tan precario establecimiento, se acercó a traerme el pedido, con la máxima desgana, y aprovechó para soltar su veneno opositor: “Ahora sí esto va arrecho, ustedes se llevan hasta la electricidad de Venezuela por debajo del mar”.

Ante semejante trucutuerca… ¡qué hacer? “Usted, entendió mal –le repliqué de inmediato–. Los americanos no permiten entroncarnos a Internet desde su territorio, por eso se está tirando un cable desde Venezuela. Es un cable de comunicación, no de electricidad”.

Esa realidad la conocemos todos –aunque algunos la hayan olvidado–, tuvimos que ir tres veces más lejos a entroncarnos a Internet para acceder a este otro nuevo mundo, el de la informática. Entonces los tanques pensantes de los Estados Unidos no habían descubierto todavía las potencialidades de Internet para hacer su guerra “de cuarta generación”.

Hoy, aquella plataforma que asentamos pagándola a un precio muchísimo más caro que cualquier otro país, se utiliza contra nosotros mismos e inunda al mundo con todo tipo de incitaciones y noticias falsas. Algunas tan espeluznantes y desquiciadas como las de que están apareciendo, despedazados en los tanques de basura, los cuerpos masacrados por el régimen.

Para elucubrar semejantes bazofias, nuestros actuales mercenarios reciben más de 30 millones de dólares al año. Les sale cómodo y muy rentable dedicar su tiempo a “luchar por la independencia del pueblo cubano”. Y sobre todo, hacerlo desde allá donde, como sentencia el refrán: quien empuja no se da golpes.

Aquí, entre los pocos que les hacen eco están los marcados por la pérdida de las posibilidades que les dio y les da nuestra sociedad, oportunidades que no supieron aprovechar y pudiendo convertirse –sin pagar un centavo– en profesionales de categoría superior con altos salarios, se encuentran en una situación económica precaria, viviendo del invento y la maraña. En otras palabras, les va mal, están descontentos; y ya se sabe, cada cual habla de la fiesta según como le va.

Hay un principio del arte militar que no debemos olvidar: para conquistar un territorio hay que ocuparlo por tierra. Y en ese sentido, nosotros estamos aquí, y somos la inmensa mayoría de la población desplegados en una nueva guerra, la de quinta generación, donde los “opositores”  y quienes les siguen el juego están numéricamente en desventaja y donde podemos y debemos trabajar más, de manera ideológica, con los de su entorno, sus amigos, parientes y familiares cercanos y esclarecer todo cuanto se requiera ante las constantes mentiras, confusión y pesimismo que siembran los enemigos al no tener verdades ni principios éticos que sustenten su lucha. Esa es su debilidad suprema, pero, por el contrario, nuestras mayores fortalezas, entre otras muchas.

Isla de la Juventud Opinión

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *