Ver desde la oscuridad

Jesus-Lorenzo-2Para Jesús no existen imposibles sino posibilidades. Su ceguera le limita la realización de disímiles acciones pero no la de disfrutar cada instante de la vida y hacer de ella una verdadera escuela.

 

Jesus-Lorenzo-Foto: Arturo Enamorado López

Para Jesús no existen imposibles sino posibilidades. Su ceguera le limita la realización de disímiles acciones pero no la de disfrutar cada instante de la vida y hacer de ella una verdadera escuela.

“Me siento muy satisfecho y feliz por lo vivido y lo que me queda por vivir”, sentencia Jesús Lorenzo Rodríguez, quien a sus 68 años de edad derriba murallas impuestas por su discapacidad visual y enseña a través de talleres, a niños, jóvenes y adultos a cómo lograr una buena comunicación con los invidentes.

“Comenzamos la realización de los encuentros en junio con el objetivo de orientar y aconsejar a los videntes a cómo ayudarnos a cruzar la calle, alertarnos de algún peligro, bajar escalones, o subir a la guagua”, acota el miembro de la Asociación Nacional de Ciegos de Cuba (ANCI) en el territorio.

Él es el encargado de impartir dichos encuentros, los cuales se han realizado en la escuela primaria Josué País García de Nueva Gerona, en el Museo Municipal, así como en el poblado La Demajagua a través de la Iglesia de Dios, adonde Lorenzo Rodríguez asiste.

“Lo primero a tener en cuenta para interactuar con un ciego es deshacerse de conceptos y prejuicios que alejan al ser humano discapacitado del resto de las personas, pues nosotros al igual que los demás, tenemos anhelos, expectativas, cualidades y defectos”, explica Jesús, padre de cinco hijos y abuelo de 11 nietos.

Y agrega: “Si una persona invidente acepta su ayuda, ofrézcale siempre el brazo pues así podrá seguirlo y realizar los mismos movimientos que usted; para indicarle un asiento, tome su mano derecha y póngala sobre el respaldo de la silla o el brazo del sillón y él se situará de inmediato”.

“Chucho”, como le llaman sus amigos, admiró el mar, el cielo y los colores hasta hace ocho años cuando una presión visual apagó la luz de su mirada, causada por la miopía progresiva que presentó desde niño, procedente de una familia con problemas visuales.

“De estos talleres hemos aprendido todos y los muchachos  me hicieron muchas preguntas curiosas, entre ellas por ejemplo, ¿cómo entiendo la novela? y les explico que nosotros los ciegos vemos desde la oscuridad”.

Luego de pasar la escuela de ciegos en Bejucal, Jesús se incorporó a las actividades de la ANCI: en los juegos de dominó, los paseos en la playa, las celebraciones en el hogar de ancianos y la casa de abuelos, participando de manera activa en la sociedad.

“Tenemos obstáculos y contratiempos, por las barreras arquitectónicas y las personas que en ocasiones son indolentes e indiferentes. Varios de nosotros no sienten el apoyo familiar, lo cual es importante, así como el de los amigos y vecinos, por tanto debemos lograr una mejor comunicación para una óptima inserción social.

“En septiembre retomaremos de nuevo los encuentros en las escuelas de las distintas enseñanzas y anhelamos llegar a Cocodrilo, donde existen 15 discapacitados e implementar el sistema Braille”, expresa Chucho, quien argumenta sentirse amado y feliz de todo lo aprendido en el trayecto.

Los ciegos son personas con las mismas necesidades de todo ser humano y desean integrarse sin obstáculos a la vida social. Nosotros podemos ser su bastón de guía rumbo a la felicidad.

 

 

 

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