Una vieja herida enconada

Así reflexiona Carlos Pérez, combatiente de Playa Girón, lo que significó para el imperio y los mercenarios aquella derrota

Foto: Wiltse Javier Peña Hijuelos

Delante iban las Leyland repletas de compañeros, el Batallón 120 las seguía en camiones. En uno de ellos, con su ametralladora BZ calibre 7,92 apuntando al cielo, iba el veinteañero Carlos Pérez Castillo. Un poco adelante tronaba el combate contra los mercenarios. Entonces apareció aquel pájaro siniestro pespunteando la senda a balazos. Tenía los identificativos de la Fuerza Aérea Rebelde, pero no era de los nuestros.

Carlos comenzó a disparar –como le enseñaran en la Escuela de Milicias– tres cuerpos delante de la aeronave enemiga. No alcanzó a consumir la primera cinta de balas… el blanco ya se había puesto fuera de tiro efectivo. Y no regresó.

Sobre la vía quedaban los ómnibus envueltos en las llamas de un fuego acre, aceitoso, el olor del napalm; dentro, los cuerpos destrozados, carbonizados… Un valiente reportero de guerra filmaba escenas dantescas.

No se les ordenó socorrer a los heridos, de eso ya se ocupaban otros compañeros; al Batallón 120 se le redireccionó de inmediato al suroeste del extremo donde termina Playa Larga, en un punto conocido como Buenavista, para tender un cerco e iniciar la captura de los mercenarios que buscaban la salvación desperdigados por los manglares, abandonando a sus compañeros.

Al poco rato comenzaron las acciones mientras Fidel, un poco antes de llegar a esa zona, capturaba personalmente a unos 50 y lo hacía encabezando el peine, sin permitir que nadie se le adelantara. Pasó incluso frente a una docena de ellos, todos armados, que le reconocieron, pero no se atrevieron a dispararle. Después, en el juicio, alegaron como atenuante que ellos ¡le habían “perdonado” la vida al Comandante en Jefe!

Carlos estaba todavía emboscado en los manglares, muy cerca, cuando tronó el SAU-100 con que Fidel cañoneaba personalmente al buque Houston, desde Buenaventura, y le volaba la torreta.

Hoy, estas vivencias están minuciosamente apuntadas en la libreta de notas donde las asentara –para no confiar en la memoria– quien cumple ya 81 años, con el orgullo de varias condecoraciones, entre ellas las medallas Conmemorativa Victoria de Playa Girón, 60 Aniversario de las Far, Por la Defensa de la Patria, entre otras que jalonan la fecunda trayectoria de su vida.

La hojea un momento, encuentra el dato preciso y aporta otro detalle histórico relacionado con su desempeño militar: “El Batallón 120 vino después a esta isla para reforzar su defensa, cuando yo cursaba la primera escuela de tanquista; especialidad donde luego me desempeñara aquí como Jefe de Estado Mayor hasta mi retiro de las Fuerzas Armadas, en 1974, por motivos de salud”.

Carlos nunca agota el tema de Girón, lo actualiza; y cuando comparte sus recuerdos en los habituales conversatorios con jóvenes y colectivos, siempre remarca esta reflexión: “El enemigo está ahí, y no perdona que los cubanos le hayamos magullado la cola; fue su primera gran derrota en América Latina. Girón para el imperialismo es como una vieja herida enconada –no debemos olvidarlo–, sobre todo para quien se considera dueño del mundo y se arroga el derecho a decidir hasta el régimen con que otros habrán de gobernarse”.

Playa Girón

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *