Una vida dedicada a la Revolución

Con casi 70 años de vida y un historial que da para más de un libro, Rubén Domínguez, el “Dominguín” de la Sierra, la Batalla de Playa Girón y otras tareas en las FAR, me recibe amablemente en su casa.Quiero que hablemos de su vida de soldado y Rubén sonríe, han pasado tantos años… Tomamos café y el teniente coronel retirado vuelve a la época en que, junto a su padre, pelea contra la dictadura de Batista en el Segundo Frente.

 

LA ERA DE DOMINGUÍN

“En 1957 tenía 10 años y era chiquito y flaquito, pero muy dispuesto. La gente del pueblo, en uno de los montes orientales me decía Dominguín, por el apellido. Éramos 10 hermanos: cuatro hembras y seis varones. Ya en esa época mi padre, mi tío y uno de mis hermanos estaban combatiendo.

“No era difícil, si eras dispuesto te cogían para mensajero, amunicionador, te enseñaban a disparar, pero cuidaban que no combatieras. Muchas veces me escondí entre las raíces de un árbol porque el tiro estaba sato en la montaña.

“Después combatí en varias acciones y me fui distinguiendo. Cuando culminó la etapa de la Sierra me otorgaron los grados de capitán honorario.

“El Comandante Félix Pena, mi jefe, me entregó al Comandante Lussón, para que me trajeran a La Habana, donde estaba mi familia. Mi padre había muerto en la Batalla de Guisa. Así vine en la caravana de la Victoria, entré a Columbia  y participé en el acto del ocho de enero de 1959.

“Pase el año 1960 en esa escuela y en el 61, cuando Girón me monté en el carro con los soldados que cuidaban del centroy combatí contra los mercenarios, aunque no había cumplido 15 años. Girón marcó mi vida. En esos tres días pasé de niño a hombre. Vi tantos muertos y heridos… Disparamos contra los aviones y los invasores.

“Tirado en la cuneta de una carretera hacia Playa Larga, con el plomo de los aviones picándome al lado, creía que todas las balas me las tiraban a mí. Y los casquillos de mis compañeros me caían encima y quemaban la espalda.

“Ese momento pasa y uno, si tiene valor se sobrepone. Luego fueron las guaguas quemadas, el olor del napalm, los muertos por el fuego y los cohetes. Miguel, el sargento que me protegía y la llegada a Girón. Ese último día.

“Éramos un grupito con Miguel al frente. El nos dijo: hasta la playa y respondimos: sí, hasta la playa. No sabíamos dónde estaba, pero seguimos.”

Rubén descansa un momento. Ordena unos papeles. Sus manos tiemblan. Está al final de Playa Girón, con 14 años, y me confiesa:

“Miguel me grita, Rubén corre que esos ´hijoeputas´ se van huyendo y le caemos atrás a un grupito de mercenarios, somos nosotros dos y otro miliciano. En el tiroteo hieren a Miguel y eso me enardece. Corremos tirando contra el enemigo. Me detengo junto a Miguel. El otro miliciano corre por la ciénaga para detener al mercenario y yo me quedo solo con el herido. En eso se forma un gran tiroteo, pienso que es una ofensiva mercenaria; pero no, son los nuestros celebrando. Hemos ganado.

“Por el camino veo al miliciano, con el fusil en el piso que regresa. Nos pasa por al lado y no nos reconoce. No sé si mató al mercenario, o lo entrego, No sé si se le escapó. Y comienzo a llorar. Creo que fue la tensión del momento, o por estar vivo. Miguel me ve llorando y me dice, qué pasa, Dominguín, tú no dices que eres un hombre. Qué haces llorando. Miro a Miguel, me paso la mano por el rostro y le respondo: No, Miguel, si yo no estoy llorando.

OTROS FRENTES Y HORIZONTES

El entrevistado vuelve a la escuela y pasa el curso de cadete. Se enrola en la lucha contra bandidos y pasa el resto de los años 60 en Pinar del Río y Matanzas. Ya es radiotelegrafista y jefe de dotación.

“En esta atapa nos montan en un barco y pienso que vamos para Isla de Pinos. Pero el viaje se hace muy largo y, de noche nos desembarcan en un puerto africano. Me entero que estamos en Argelia. Son seis meses de combate y marchas por el desierto, con tremendo calor por el día y un frío que pela por la noche. Soy el único pinero que tiene esa misión”, comenta orgulloso.

“De regreso estuve en la lucha contra piratas, en lo que es hoy, guardafronteras. Cuidábamos los cayos frente a Varadero y Cárdenas. Eso sí fue duro. Metidos en el agua, con mosquitos y jejenes, sin dejarnos ver de nadie. Esa fue una escuela de seis meses.

“Culminé la tarea y seguí estudiando. Cuando me gradué fui enviado a Isla de Pinos, aquí hice mi vida, me enamoré y me casé e hice mi familia. Todos los años hablamos con los combatientes de Girón y de otras experiencias fui cuadro del Comité Municipal del Partido por 25 años y estuve al frente de zonas de defensa y en la preparación para la Guerra de Todo el Pueblo.

“Este año será el primero donde celebraremos los actos de Girón sin Fidel. Pero su presencia, como siempre, estará aquí, guiándonos en el combate.”

Isla de la Juventud
Karelia Álvarez Rosell
Karelia Álvarez Rosell

Licenciada en Defectología en la Universidad Carlos Manuel de Céspedes, Isla de la Juventud. Diplomada en Periodismo con más de 30 años en la profesión.

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