Una proclama para hoy

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A 10 años de la reflexión La llama eterna, Fidel nos sigue sorprendiendo con alertas que adquieren mayor vigencia hoy

El Guerrillero del tiempo que se niega a abandonarnos nos sigue sorprendiendo a cada paso por las montañas de dificultades que remonta y hacen más grandes sus triunfos y preclaras advertencias.

Este 31 de julio hará exactamente la primera década de lo que él calificó como otra proclama –a un año de la escrita en 2006 en que su delicado estado de salud e inesperada operación quirúrgica lo obligara a delegar con urgencia sus responsabilidades–, la cual además de compartir con el pueblo “la satisfacción de observar que lo prometido se ajusta a la inconmovible realidad: Raúl, el Partido, el Gobierno, la Asamblea Nacional, la Juventud Comunista y las organizaciones de masas y sociales, encabezadas por los trabajadores, marchan adelante guiados por el principio inviolable de la unidad”, en verdad encendió La llama eterna con la que tituló aquella corta y especial reflexión que hoy nos dice mucho más.

A las 5:35 de esa tarde final de julio en que termina sus líneas, ya había dejado atrás las horas inciertas bajo rigurosas exigencias médicas y vivía la “experiencia única” con sus reflexiones, que entre marzo del 2007 y octubre del pasado año publicara más de 480 textos así denominados y devenidos entre sus legados intelectuales y políticos más importantes y prolíferos en los últimos años.

En las escasas líneas de aquella otra proclama en que honrar a los caídos en las luchas, dijo algo que parece más dicho para hoy en que no está, con las amenazas del actual presidente estadounidense y su balde de agua fría a los pasos dados para normalizar las relaciones entre Cuba y EE.UU., cuando algunos confiaron en esa posibilidad.

“Nadie se haga la menor ilusión de que el imperio, que lleva en sí los genes de su propia destrucción, negociará con Cuba –dejó claro Fidel como adivinando el incierto y turbulento horizonte que es hoy–.  Por mucho que le digamos al pueblo de Estados Unidos que nuestra lucha no es contra él ―algo muy correcto―, este no está en condiciones de frenar el espíritu apocalíptico de su gobierno ni la turbia y maniática idea de lo que llaman ‘una Cuba democrática’, como si aquí cada dirigente se postulara y eligiera a sí mismo, sin pasar por el riguroso tamiz de la abrumadora mayoría de un pueblo educado y culto que lo apoye”.

Pero en la advertencia también nos dejó mensajes oportunos para este el proceso electoral en que está inmersa toda la nación y él nos acompaña aunque no esté físicamente.

Las otras alertas de la mencionada reflexión son esenciales en estos tiempos cuando escribió: “La lucha debe ser implacable, contra nuestras propias deficiencias y contra el enemigo insolente que intenta apoderarse de Cuba”, para enfatizar: “Este punto me obliga a insistir en algo que no puede ser jamás olvidado…: es deber sagrado reforzar sin tregua nuestra capacidad y preparación defensiva, preservando el principio de cobrar a los invasores en cualquier circunstancia un precio impagable” y despejar dudas a quienes subestiman ese frente.

Junto a los comentarios, la admiración por la larga visión del eterno joven líder del Moncada que al preguntarse en esas mismas líneas: “¿Qué haré?”, su respuesta fue humilde y digna: “Luchar sin descanso como lo hice toda la vida”.

Así continúa cabalgando junto a su pueblo y la Historia.

Historia Isla de la Juventud
Diego Rodríguez Molina
Diego Rodríguez Molina

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana. Tiene más de 40 años en la profesión

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