Una premisa impostergable

Acaba de finalizar el 8vo. Congreso del Partido, como esperábamos la inmensa mayoría de los cubanos, con la elección de Díaz-Canel como Primer Secretario y un Comité Central renovado y rejuvenecido. La promoción nos garantiza unidad y continuidad de los principios, pero también de raigales transformaciones en todo cuanto deba ser cambiado, como indicara Fidel al darnos el concepto de Revolución.

Estuve en Santa Clara cuando Díaz-Canel era allí el Primer Secretario del Partido y aquello tan distinto y mejorado. Lo había alcanzado en el mismo país, con el mismo bloqueo imperialista y las viejas coyundas internas que lastran nuestras posibilidades en varios sectores.

Había un acto donde el Che descarrilara y derrotara el tren blindado de la dictadura poco antes del triunfo revolucionario de 1959 y Díaz-Canel llegó caminando por las calles, como cualquier hijo de vecino, sin protocolo, dando y recibiendo saludos como luego lo viéramos en tantos momentos más cercanos, ya en La Habana, ocupando el cargo de Presidente de la República.

Años después lo volví a ver en Holguín, cuando se iniciaba allí también como Primer Secretario del Partido. De aquel momento retengo una imagen muy especial: Díaz-Canel emplazando personalmente, frente a frente y en la televisión provincial, a un jefe de empresa con malos resultados. Yo, viejo periodista, fundador incluso del programa Radio Caribe en la Calle, sentí la inmensa alegría de ver cómo empleaba el contundente poder de la televisión para compulsar mejores resultados.

Ahora tenemos en este hombre los dos poderes centrales que en aras de consolidar la unidad marcan el rumbo de la nación: juventud y ganas de hacer, además de la experiencia muy personal de lo que se puede lograr a pesar de las limitaciones conocidas si utilizamos mejor el caudal de conocimientos científicos y técnicos que hay en nuestro pueblo.

Nadie puede hacerle un cuento, viene de la base y transitó por todos los niveles de dirección. Por eso la descentralización a nivel de municipio y sus reiterados llamados a acercarnos más a las universidades, a poner en juego las capacidades del pensamiento que allí se acumulan, no para exhibir un diploma de Máster o Doctor sino para responder mejor a las necesidades de cada territorio, tan disímiles como las diferentes calidades de suelos que componen nuestras áreas de cultivo.

El nuevo Comité Central encabezado por Miguel Díaz-Canel Bermúdez va a revolucionar la Revolución –sin dudas– y lo va a lograr en un tiempo tan breve como seamos capaces de asimilar el cambio de mentalidad al cual nos llama en la actualidad. Ya no más esperar por las orientaciones de arriba –aunque sí de las indicaciones centrales– para ocuparnos y resolver lo que está bien cercano y conocemos mejor que nadie. No se trata de improvisar, eso no. Hay que proyectarse con sensatez, como en la medicina al prescribir un fármaco: valorando muy bien riesgos y beneficios, pero sin miedo a equivocarnos y cuidando muy bien el destino final de los recursos porque, como advirtiera el Che, se puede meter la pata…, pero no la mano.

 

 

Isla de la Juventud Opinión

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