Una piedra en el zapato de todos

Tomado de Internet

El incremento de las colas es una dañina secuela que nos imponen la COVID-19 y la persecución implacable del imperio, acentuando las privaciones, que sin embargo no sufren por igual el resto de los 185 países afectados por esta pandemia.

Nunca falta quien vea las colas como un río revuelto, bueno para pescar dinero fácil aunque sea a costa de incrementar la carestía de los demás. Son los coleros, acaparadores y revendedores.

Una piedra en el zapato de todos. Para quitarla se acaba de formar un ejército de 22 281 integrantes a lo largo del país. Policías y Fuerzas Armadas estuvieron solos en un primer momento. Ahora se robustece aquel puño acerado: todas las fuerzas de la sociedad se suman al combate.

Pero, ante su presencia, ¿los coleros, acaparadores y revendedores desaparecerán como por ensalmo? No lo creo, ni nadie espera que suceda tal milagro. Será un trabajo largo y de mucha persuasión.

Hoy las colas, por las noches, pululan frente a los establecimientos. Y en ese horario no hay control alguno. Los “dueños de las colas” todavía campean allí. Aunque por la mañana, cuando llega el Grupo de Apoyo, mimeticen sus espinas y se transfiguren en lo contrario.

Los frecuentes intercambios de experiencias entre los distintos Grupos de Apoyo, no tardarán en hallarle solución a este enrarecido ambiente nocturno. Trabajan con el oído bien pegado al sentir de la colectividad revolucionaria.

Vale tomar en cuenta lo que se está haciendo en varias provincias.

En Cienfuegos y Granma –según hemos visto en televisión–, y no solo allí, están varios pasos adelante en el ordenamiento contra este tipo de ilegalidades. En la primera lo anotan todo, hasta la dirección particular; y en la segunda, le escanean el Carné de Identidad a quien aspire a comprar. Y el colero profesional comprende que de su número quedó un registro digital. En otras palabras, lo desaniman a estar intentando meter cabeza. Queda un rastro de su paso antisocial, demostrable además. Y él lo sabe.

Aquí se intenta lo mismo.

Donde no haya un escáner, bastará como en Cienfuegos una simple hoja de papel, pero en manos de un integrante del Grupo de Apoyo. No hay que entregar una ficha con el número en cartón, plástico o metal. Basta solicitar el Carné de Identidad, verificar su foto y anotar el número en un torpedo e imponer oralmente a la persona de cuál es el lugar que le corresponde en la cola: “usted tiene el número tal…”

Suficiente, es el pueblo organizado.

Esa persona, si su número es alto, puede dedicar su tiempo a otra cosa o estar apartada en un lugar sombreado, quizá hasta sentada, y regresar solo cuando la llegada de su turno sea inmediata.

Mientras tanto, el local frente al establecimiento se mantendrá despejado, solo con los clientes próximos a comprar.

Para lograrlo es necesario que un integrante del referido grupo llame por números. Verifique su documento de identificación y foto, lo compruebe con lo anotado en el torpedo y autorice luego el acceso al establecimiento.

No hay posibilidad de burlar la cola o negociar turnos. Y para cualquier efecto –detectar quién se dedica a las colas y no a otra cosa– queda un rastro comprobable. Así de conveniente y profiláctico.

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