Una mujer aporta en el Entronque

El rostro semicubierto por el nasobuco no dejaba mucho para apreciar, salvo un contorno facial un tanto familiar; debía recordarla de los frecuentes recorridos del Consejo de Defensa Municipal (CDM) para el chequeo de las medidas indicadas con el propósito de evitar la propagación del nuevo coronavirus en la ínsula.

Yudelquis presta atención a las indicaciones del Consejo de Defensa Municipal. Foto: Casandra Almira Maqueira

Me acerco a indagar y confirmo la sospecha, trabaja como asistente de limpieza en el hogar de ancianos Francisca Navia Cuadrado, en Nueva Gerona; hemos llegado hasta allí en más de una ocasión.

Pero fue muy lejos donde la reencontré, en el Entronque de La Demajagua, en una nublada tarde de martes. Permanecía atenta a cada llamado de la presidenta del CDM y a lo dicho por los demás.

Así hasta que no pudo contener la necesidad de exponer su experiencia –para mí inspiradora en estos tiempos–.

Hace énfasis en que “es tiempo de luchar en la tierra”. Foto: Casandra Almira Maqueira

“Mi nombre es Yudelquis Gómez García –se presenta con acento campechano– y cultivo en una pequeña finca. De ella obtengo los demás alimentos que hoy no nos puede dar el país y en un lugar como este donde hay tantas tierras todos deberían hacer lo mismo”.

Reflexiona quien una década atrás llegó a la Isla de la Juventud, oriunda de Niquero, provincia Granma; en tanto, envía un mensaje a aquellos que no aprovechan al máximo las bondades de su entorno.

“Hace unos siete años –cuenta– limpiaron con buldócer parte del terreno, al resto, junto a mi esposo Alberto Torres Cuello y su familia, le fuimos eliminando marabú con hacha, machete y pico.

“Comenzamos con plátano macho, fruta y burro, poco a poco incorporamos aguacate y yuca, la cual recién cosechamos y ya tenemos lista esa área para cultivar otra vez. Además, criamos cerdos, pollos y patos.

“¡Mire esto!”, –exclama extendiendo los brazos–. Observo sus manos manchadas de resina, no son las de una dama presumida, para ella el trabajo vale mucho más que lucir vistosa.

“Recogía ñames cuando avisaron de su llegada, los consumimos en casa y también los utilizo para la comida de los animales”, comenta esta fémina de 42 años perteneciente a la delegación dos del bloque 81 de la Federación de Mujeres Cubanas.

Es madre de tres muchachos que hizo hombres a base de sudor. Trabaja en un centro puntero en dar abrigo a una población cada vez más envejecida, atiende el hogar y no se despega del surco.

“A quien necesite le extiendo la mano, pero algunos aspiran a que se les ponga todo en la boca sin hacer el esfuerzo”, dice.

“Me molestan las personas así, esas que se quejan todo el tiempo cuando lo correcto es ayudar a la Revolución y cultivar es lo menos que podemos hacer en momentos difíciles. Eso sí se puede”.

Yudelquis ama la tierra, así lo aprendió de su padre; labora con pocos recursos porque unos bandidos sacrificaron sus bueyes, mas continúa de “sol a sol” en su parcela de casi una hectárea y media, mientras descansa 14 días según los protocolos en su centro de trabajo.

De ella admiré el arrojo para combatir actitudes negativas que lastran la buena voluntad de otros, esas que le hacen “hervir la sangre” y por ello les sale al paso; según dice “en estas circunstancias valen mucho las iniciativas y aportar…”.

Cuando más del 70 por ciento del arroz consumido en Cuba es importado desde naciones también en crisis y con los comercios cerrados por la pandemia, la nuestra apuesta por variantes que permitan llevar a la mesa otras opciones.

“Es tiempo de luchar en la tierra”, una conclusión de Yudelquis que me hace pensar en quienes la tienen a su alcance, sin sospechar cuanto atesora; es hora de pensar como país y en todos antes de exigir sin tributar primero.

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Casandra Almira Maqueira
Casandra Almira Maqueira

Licenciada en Estudios Socioculturales en la Universidad Jesús Montané Oropesa, Isla de la Juventud

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