Una Mariana en Brasil

Foto: Mariana Cruz

“Y la Revolución tiene hoy… médicos en las cantidades  necesarias…; y no solo buenos como médicos, ¡sino buenos como hombres y como mujeres, como patriotas y como revolucionarios!”

Así de certera era la visión del eterno Comandante en Jefe, por ello la única cubana que trabajó a 28 kilómetros de Nova Campina, municipio del estado de São Paulo, en Brasil, hace suyas las palabras y enseñanza de Fidel.

Mariana Cruz Cuba regresó hace poco a la Isla de la Juventud, tras cumplir misión internacionalista como parte del programa social Más Médicos.

De vuelta al ajetreo del hogar y sin perder de vista a la inquieta Liz Marian, su pequeña de tres años, me cuenta que atendía a una población pobre y carente en todos los sentidos, a la cual solo una vez por semana entraba un médico brasileño y a las tres de la tarde se retiraba; en cambio ella pasaba cuatro días de 8:00 a.m. a 4:00 p.m.

“Mi trabajo fue todo un desafío; me crecí como especialista en Medicina General e Integral y lo más importante es que hoy soy mejor ser humano. Estaba concebido que debíamos atender cierta cantidad de pacientes, pero en lo personal veía a todo el que fuera, como si eran 50, hasta poner el último pie en el transporte que nos trasladaba –una hora de camino sorteando los peligros y las malas condiciones del terreno–.

Foto: Mariana Cruz

“Urgencias atendí muchas, entre ellas el caso de una muchacha con estatus epiléptico, emergencia neurológica que requiere una atención inmediata, pues los primeros minutos son vitales para salvar al paciente y evitar secuelas”.

Esta joven sencilla, de 32 años, lleva a Cuba hasta en el apellido, por eso se llena de satisfacción por haber contribuido al bienestar y calidad de vida de los más necesitados sin esperar nada material a cambio, muestra de los valores humanistas que prestigian nuestra nación y a la medicina biosicosocial cubana.

“Los galenos brasileños trabajan por dinero y no por amor a la medicina. Ellos diagnostican sin tocar o examinar al paciente, la mayoría de las veces ni lo convidan a sentarse y hasta lo miran por encima del hombro, como marcando la distancia. Incluso le mandan una tomografía por un simple dolor de cabeza sin interrogar ni indicar algún examen complementario.

Foto: Mariana Cruz

“Yo siempre los traté como familiares cercanos, les explicaba de forma detallada y me esforzaba por ayudar de la manera que fuera: brindando un consejo, escuchando atentamente o intercambiando un abrazo.

Su principal tarea –afirma la doctora– fue ofrecer mucha educación para la salud a través de charlas en las escuelas para todas las edades, donde el desconocimiento acerca de la realidad cubana era increíble. “Por suerte el intercambio resultó muy provechoso e interesante y el idioma no constituyó una barrera.

“Recuerdo haber leído unas palabras de nuestro Líder Eterno donde resalta que la misión del médico es crear una doctrina con relación a la salud humana, demostrar lo que puede hacerse en ese campo que es el más sensible para cualquier persona en el mundo”.

Quizá por esa interacción de confianza sus pacientes siempre pedían a Dios que la bendijera y no se quisieron despedir ante la retirada de los profesionales: “Fue un shock muy grande y la crisis que se generará es peor, pues hay municipios donde de 80 galenos 60 son cubanos. Bolsonaro, el presidente electo, arremetió contra nosotros sin mirar los beneficios del programa. Cuestionó nuestra formación diciendo que no sabía si éramos carniceros o gente disfrazada de médicos y muchísimas cosas feas; tampoco consultó estadísticas ni tuvo en cuenta que Cuba sola tiene más médicos que la Organización Mundial de la Salud trabajando en el Tercer Mundo y logros que avalan nuestra sobrada calidad”.

Foto: Mariana Cruz

Ella fue incitada a quedarse y aunque lo siente mucho por los pacientes que son quienes más van a sufrir, tiene la convicción de que “la dignidad no se pisotea y cuando salimos a cumplir alguna misión afuera, primeramente somos Cuba. Estoy muy feliz de estar aquí en mi Patria, junto a mi familia. Ahora continuaré mi quehacer como parte del ejército de batas blancas”.

Y justo antes de partir, con lágrimas que cerraban la garganta e impedían la salida fluida de cualquier palabra de agradecimiento por su labor, la entrevistada recibió un álbum con fotos que perpetua su paso por el gigante suramericano, imágenes que captan a la pinera compartiendo junto a los humildes una cena, una mirada afable, el trato entre semejantes…

Fue tan noble la huella dejada por esta profesional que, una vez en la Isla, se comunicó a través de Facebook  con los colegas y amistades de Brasil para decirles que había llegado bien y, para su sorpresa, el Secretario de Salud le anunció que su nombre
–Mariana– le fue puesto a una calle cercana adonde se desempeñaba, de esa manera la tendrían por siempre en Brasil.

Isla de la Juventud

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