Un ser de luz

Desde que tengo uso de razón he escuchado hablar de Fidel, aquel gigante con barba que todos idolatran. En la escuela lo primero que me enseñaron fue quién era él y cuanto había hecho por salvarnos del vecino opresor.
En esos momentos lo visualizaba como un Dios o héroe poderoso que había bajado del cielo para salvarnos. Era un tanto ridícula la idea, ahora que lo pienso, pero el hecho era que, para mí, ese hombre había construido una Revolución solamente con su ingenio, o eso creía.
Cuando cursaba el duodécimo grado en el Preuniversitario nuestro profesor de Historia, al que veíamos como una persona muy intransigente, se encargó de demostrarme que Fidel no era ese Dios Todopoderoso que yo idealizaba en mi niñez. Por el contrario, era un ser humano, con virtudes y defectos, pero que sí hizo hasta lo imposible porque su tierra fuera libre y su pueblo –al que se consagró e hizo protagonista de su obra– tuviera justicia y dignidad.
Desde luego, yo había conocido más de Fidel antes del pre, pero no fue hasta entonces que me di la oportunidad de indagar a profundidad sobre la vida del Comandante en Jefe, y sí, se lo debo al profe Omar y a su ingenio por medio de casi obligarnos a aprender Historia.
Este primer año en la Universidad fui partícipe del homenaje que se le hizo el pasado 25 de noviembre del 2019 en la escalinata de la Universidad de La Habana. Fue increíble ver como los estudiantes cantaban canciones en su honor y declamaban palabras de agradecimiento y orgullo.
Recordar aquella noche del 25 de noviembre del 2016 fue emotivo, una que otra lágrima vio la luz en los rostros de los miles de jóvenes que estábamos presentes ese día. En mi caso, rememorar cuando mi madre me dio la noticia de la muerte de Fidel me consterna y sobrecoge, fue un día que por lo menos en la Isla de la Juventud no salió el sol. Tal perecía que los astros tenían conocimiento de la tragedia.
El camino hacia mi escuela al siguiente día fue raro, triste, no había nadie en las calles, eso sí, en las afueras de las casas había carteles que decían claramente VIVA FIDEL y banderas cubanas por doquier.
Fue duro el llegar a la escuela y ver a todos conmocionados, a mi profesora guía con los ojos hinchados narrando la historia de cuando ella lo conoció en una visita que realizara al territorio, a la profesora de Español que contenía las ganas de llorar al contarnos cómo fue la experiencia de estar muy cerca de él en uno de sus innumerables discursos.
Todos los profesores se dieron la tarea de hablarnos sobre sus vivencias con Fidel, desde algunos que lo conocieron en la Campaña de Alfabetización, hasta otros que vieron cómo día a día se empeñaba en hacer de Cuba un mejor país.
Indudablemente me causa un poco de dolor no haber conocido en persona a ese ser cuyas ideas eran tan revolucionarias como visionarias; a ese hombre que todas las grandes personalidades del mundo querían visitar para hablar hasta de pelota; a ese cubano que no se dejó amedrentar por amenazas ni por los atentados que sufrió a lo largo de su vida. Sin duda alguna Fidel Castro es y será un ser de luz en este oscuro mundo que vivimos hoy.

Fidel Castro
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