Un “loco” en el arrozal

julio-arroz“Tú estás loco, ¿te vas a meter ahí?, no puedes, eso tiene la cara fea…” Le decían a Julio García Carrillo cuando se apareció por la zona arrocera del poblado Julio Antonio Mella a librar unas cuantas hectáreas invadidas de marabú para incursionar en el cultivo del alimento.

 

Así tildaban en Isla de la Juventud a Julio García Carrillo cuando decidió desmontar casi una caballería de marabú para dedicarla al cultivo del arroz, ese alimento casi imprescindible en la alimentación de los cubanos

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Foto: Arturo Enamorado López

“Tú estás loco, ¿te vas a meter ahí?, no puedes, eso tiene la cara fea…” Le decían a Julio García Carrillo cuando se apareció por la zona arrocera del poblado Julio Antonio Mella a librar unas cuantas hectáreas invadidas de marabú para incursionar en el cultivo del alimento.

“Es verdad, mi pedacito de tierra daba miedo; sin embargo, ya había empeñado mi palabra, entonces me imaginé que se trataba de otra  batalla y tenía que alcanzar la victoria, por lo que a golpe de hacha y machete, poquito a poquito, fuimos limpiando el área.”

Y en medio de su explicación me coge del brazo para mostrarme algunos troncos que todavía permanecen enterrados en el terreno como constancia del nivel de enyerbamiento existente antes de entrarle con “el pecho y el corazón”.

“Fueron días de pelea dura, pero cuando los demás integrantes de la cooperativa vieron aquello libre de maleza, cambiaron de parecer; al final reconocieron que se habían equivocado conmigo.”

La decisión de Julio era atrevida porque en realidad nunca había lidiado con el manejo de este cultivo casi imprescindible en la mesa de los cubanos; no obstante, para Mella fue con su jolongo a cuesta y cargado de mucha voluntad.

“En el camino aprendí, con la ayuda de otros compañeros, a recuperar los diques, relacionarme con las medidas fitosanitarias, las diferentes variantes de siembra, como por ejemplo el boleo, el trasplante… y cuanto secreto me pudiera aportar para alcanzar los mayores rendimientos.”

Con la sinceridad que le caracteriza confiesa que la primera cosecha “no fue muy buena, tan solo cogí en la casi caballería disponible unos 750 quintales (qq); ya en la actual las cosas serán diferentes debido a tener mayor experiencia, pienso acopiar más de 1 000 qq.”

Durante el intercambio con este hombre que no se cansa de contemplar el sembradío, el cual sobresale por la población y el verdor, conocimos que en su área se experimenta con 20 variedades con el propósito de buscar las más adaptables a las características de los suelos del lugar.

“Aquí tengo algo así como un jardín, apreciamos los contrastes entre unas y otras por la cantidad de espigas, la coloración y otras características; para mí las de mejores resultados son el LP-7 y el

LP-5, aunque no se descartan el 11, 13, 14, 18 y 20.”

Cuanto se realice en la principal zona arrocera del territorio resulta de gran importancia, máxime si los propósitos están concentrados en alcanzar en el menor tiempo posible el autoabastecimiento local, de tal manera de aliviar al Estado en la compra del alimento en el mercado internacional, donde los precios insisten en permanecer por las nubes.

Por tal motivo Julio destaca a los pinareños que ante el déficit de equipos pesados aquí han llegado con los suyos para el desmonte y nivelación del terreno; lo cual les ha facilitado las condiciones de trabajo, ampliar el área cultivable e incorporar a otros compañeros acogidos a la entrega de tierras en usufructo a la Cooperativa de Créditos y Servicios Celia Sánchez.

Por aquellos arrozales, donde la sequía le juega una mala pasada a algunos productores, dejamos a Julito, el hombre que demostró a golpe de esfuerzo y sudor que de loco no tiene ni un pelo, sí mucho de cuerdo.

 

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