Un hombre tras el gigante salvaguarda

Fotos: Víctor Piñero Ferrat y Archivo

A unos 90 kilómetros de Nueva Gerona en el litoral sur de la Isla, rodeado de exuberante y autóctona vegetación, se erige un coloso de hormigón de estructura circular capaz de acariciar el cielo con su cúpula y con la mirada salvaguarda a navegantes a más de 17 millas a la redonda.

Por su estatura, 60 metros sobre el nivel del mar, lo bautizan como el más alto de su tipo en Cuba y segundo de América Latina. Sirve como guía, referencia y aviso costero para la navegación, así es el faro Carapachibey que para José René Estévez Torres, es como su segundo hogar.

Lejos de toda civilización, lo más cercano es el poblado de Cocodrilo a 20 kilómetros, José René y su compañero de equipo tienen la misión de garantizar que cada noche el faro emita la señal luminosa en destellos  cada 7,5 segundos.

“Funciona con paneles solares y un banco de batería. Se activa solo cuando cae el sol, y se desactiva en la mañana. Además del mantenimiento, debemos estar atentos a si ocurre algún fallo y solucionarlo, en caso que no esté en nuestras manos lo comunicamos al puesto de mando y ellos envían a los mecánicos para restablecer la señal”, aclaró.

“Cada faro tiene sus características y por ahí los barcos conocen dónde están. El sistema de señal que emiten anuncia que hay costas cerca y sirve para la navegación marítima y aérea, para esta última funciona como un sistema de referencia”.

Al tiempo que orienta a los navegantes, protege a los ecosistemas marinos de la zona, que se extiende en buena parte de la plataforma con sus conservados corales y profundidades cercanas a la costa, y evita accidentes a este medio natural muy frágil, pero con rica biodiversidad e incalculable valor para el turismo internacional y la pesca, entre otras actividades.

“Imagínese el daño que ocasionaría el derrame de combustible de un tanquero que impacte el rocoso fondo marino”, enfatiza para reafirmar la importancia de su trabajo en la constante protección de ese medio que es a la vez aquí el único límite o frontera que separa los tres dominios del planeta: tierra, mar y atmósfera.

La dinámica de trabajo en la mole de concreto está compuesta por dos duetos que se alternan cada 15 días, Estévez Torres acumula ya alrededor de un año y nueve meses y confirma que la vida en esos parajes es muy tranquila.

“Para poder sobrellevar tanta calma aprovechamos el tiempo libre para pescar, nos alivia el aburrimiento. Desde enero hasta la fecha la picada ha estado mala, pero a partir de ahora comienzan a arribar más peces a esta zona.

“En mi caso también me gusta leer, vemos televisor y nos ponemos de acuerdo para realizar las labores de la casa, aunque a veces cocinamos los dos juntos; en el caso de la guardia nos alternamos para realizarla”.

Por lo general, nos cuenta el torrero que las temperaturas son frescas, sin embargo en época veraniega el calor es tan intenso como en cualquier porción de la geografía cubana.

“Cuando comienzan las lluvias se arrecia la plaga, aparecen los mosquitos y jejenes, pero nada que no se pueda soportar, siempre salen un poco al atardecer y al amanecer”.

La cercanía con el mar presupone que sea una zona visitada por pescadores, aunque según el reglamento no pueden permanecer en ese punto sin autorización de la empresa, lo que no impide que se les atienda.

“Funcionamos como un punto de socorro para los naufragios y aquellos que en tierra también presenten problemas. Hace algún tiempo hubo un velero que encalló en el estero de Agustín Jol y mis compañeros lo socorrieron. Siempre estamos dispuestos a ayudar a todas las personas que lo necesiten porque además de ser nuestra misión, son esos los valores que nos hace ser cubanos”.

Quienes tuvimos la oportunidad de visitar el lugar nos maravillamos con la incomparable belleza del entorno, la tranquilidad, el aire puro, el compromiso y sentido de pertenencia de los trabajadores que junto a su gigante de 60 metros, cada noche dedican parte de su existencia a proteger a navegantes y naturaleza.

Isla de la Juventud Medio Ambiente
Yuniesky La Rosa Pérez
Yuniesky La Rosa Pérez

Licenciado en Comunicación Social en la universidad Jesús Montané Oropesa, Isla de la Juventud

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