Un grande del montículo

Gervasio se despide oficialmente desde la propia lomita donde tantas alegrías conquistó para él y la afición
Foto: Yesmani Vega Ávalos

En 1983 un fenómeno acaparó la atención de los aficionados y especialistas del béisbol en la provincia de Pinar del Río, era un joven de 23 años, su fisonomía no era extraordinaria, era delgado, alto, de muy poco hablar, pero con una potencia en su brazo de lanzar descomunal, capaz de arrasar en la Serie Provincial de ese año con todos los lideratos del picheo; juegos iniciados, juegos completos, juegos ganados con 13, promedio de carreras limpias y poches propinados.

Su nombre, Gervasio Miguel Govín, un hombre que llegó a ser uno de los personajes más famosos por aquellos años en el poblado de Piloto en el municipio de Consolación del Sur, pues fue el monticulista más espectacular, contradictorio y típico en aquellos años donde para ser pitcher, había que tener sobrada calidad, ya que existían grandes en la lomita, como Rogelio García, Julio Romero, Juan Carlos Oliva, Félix Pino, Porfirio Pérez, entre otros.

Gervasio tuvo un sueño que lo marcaría en su vida como atleta, pasarían varias temporadas para que se convirtiera en realidad en la vida de aquel guajirito nacido el 19 de junio de 1960, lograr 100 victorias en Series Nacionales.

Ahora después de 13 años sin realizar un lanzamiento, dice adiós de forma oficial al deporte que le dio las más grandes emociones.

Para conocer un poco sobre su trayectoria deportiva, lo visité de manera sorpresiva en su hogar, donde pudimos dialogar por varios minutos.

-¿Cómo fueron tus inicios en los trajines del béisbol?

“Comencé como receptor a los 12 años, a los 23 integré un equipo de Pinar del Río sub 23 como receptor, como no podía jugar por la calidad que existía en esa posición, entonces le dije a Román Suárez que yo prefería lanzar, él estuvo de acuerdo porque conocía de mi buen brazo y comencé ese mismo año en la Serie Provincial, donde gané 13 y perdí uno”.

Siempre te caracterizaste por ser un lanzador ecuánime, sereno, disciplinado ¿Cuánto te ayudo esto?

“Muchísimo, sobre todo en los momentos decisivos, difíciles, en esos juegos cerrados o en las series de play off”.

¿Qué piensas del picheo actual, sobre todos de los jóvenes talentos de la Isla?

“Hay muchos jóvenes con tremenda calidad, pero he notado que presentan un gran problema, se van de concentración, por lo cual otorgan muchas bases por bolas que al final da al traste con la derrota.

¿Cómo te preparabas y cuáles eran tus principales armas?

“Hacía una base de entrenamiento, sobre todo en las noches corría mucho para fortalecer las piernas, después practicaba con bastante seriedad los lanzamientos laterales y bajitos, el cambio de velocidad y el Splitball que es un lanzamiento parecido al tenedor”.

La XXXII Serie Nacional fue una de las más duras para ti, 14 derrotas ¿Qué paso ese año?

“Nada, las cosas no me salían bien y por mucho que me esforzaba siempre pasaba algo. Cuando lanzaba un buen juego, el equipo no bateaba, o la defensa se desmoronaba, y en otras no salía efectivo y era bateado con facilidad”.

¿Bateador más difícil?

“Lázaro Madera, sobre todo en los inicios, después aprendí a dominarlo, era un bateador difícil pues no tenía zona de bateo”.

¿Qué funciones realizas en la actualidad?

“Estoy trabajando con la categoría 13 – 14 años en el combinado deportivo Irene Hernández en Sierra Caballos, donde los resultados en el área del picheo han sido muy buenos”.

¿Alguna vez tuviste problema con el brazo?

“Nunca, siempre entrené fuerte para  fortalecerlo y evitar cualquier lesión”.

¿Cuál fue el momento más feliz de tu carrera?

“Cuando integré el equipo Cuba B que asistió al torneo de Róterdam en Holanda, allí gané dos juegos y perdí uno, al siguiente año fui seleccionado para jugar en Japón por cuatro meses”.

¿Tus mejores amigos en la pelota?

“Arnaldo Fonseca y Yoanis Pérez”.

¿Algún sueño no cumplido?

“El de todo atleta, integrar el equipo principal de Cuba. Creo que me tocó lanzar en una etapa donde existía una constelación de pitcher de primerísima calidad, además trabajé en un estadio donde las dimensiones del terreno conspiraron contra mí en todos los sentidos y hoy poseo una gran cantidad de cuadrangulares y extra bases muy elevado, al igual que a Carlos Yanes”.

Los grandes del box como este hombre, pasan por la vida entre el sufrimiento y el dolor, pero llevan en su corazón de gigante, en el que palpita la confianza y la fe, el haber cumplido con su afición con ímpetu y pasión.

Béisbol Deporte Isla de la Juventud

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