Un deber con el planeta

Han transcurrido 35 años ya desde que los gobiernos del mundo decidieran marcar su compromiso con el medio ambiente proclamando el Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono y con él la búsqueda por eliminar la producción y consumo de sustancias nocivas para este manto natural.

Aunque en un inicio solo 46 países participaron de la firma del Protocolo de Montreal –acuerdo diseñado para promover acciones que pongan fin a las emisiones de sustancias agotadoras del ozono (SAO)–, hoy son 179 los estados involucrados en esta misión.

El efecto dañino de los rayos ultravioletas –de los que nos protege la capa de ozono– en la salud del planeta y en la de sus seres vivos se ha convertido, por suerte, en una seria preocupación global.

Cuba, como uno de los países signatarios de ese acuerdo y siguiendo la anticipada visión de Fidel acerca de la necesidad de posicionar al medio ambiente y su protección como temas prioritarios en las agendas de trabajo, ha elaborado diversas estrategias y acciones en pos de la sostenibilidad a través del Plan de Estado para el enfrentamiento al cambio climático o Tarea Vida,  proyecto que ya muestra muy buenos resultados.

Uno de los puntos de este plan es la reducción del uso de gases como los Clorofluorocarbonos (CFC), alcanzado a más de un 50 por ciento en el país y contando con 12 instituciones, en su mayoría del turismo, que eliminaron definitivamente su empleo.

En el Municipio también son destacables las acciones emprendidas por entidades como los talleres de manejo de residuales y desechos tóxicos, uso racional y de mayor calidad de los gases en los equipos electrodomésticos, mayor alcance de los paneles y calentadores solares de uso doméstico, la producción de energía limpia a través de los parque eólico y fotovoltaicos.

Si bien durante este último año la crisis provocada por la covid-19 ha logrado que se mitigue la contaminación del aire y decrezca la emisión de gases contaminantes no es esta una solución permanente, para ello deben cambiar primero nuestros hábitos de producción y consumo con vistas a modelos más sostenibles.

Trabajar bajo esta premisa nos hará realmente conscientes con el tema que en el 2020 ha acompañado la jornada, Ozono para la vida.

A esa “franja frágil de gas que protege la Tierra de los efectos nocivos de los rayos solares, contribuyendo así a reservar la vida en el planeta”, como la define la Onu, toca protegerla y educar a las nuevas generaciones en su protección. Promover una cultura ambiental y sostenible es nuestro deber para con el planeta.

Isla de la Juventud Opinión
Yenisé Pérez Ramírez
Yenisé Pérez Ramírez

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana

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