Un campesino con su propio libro

Foto: Yesmani Vega Ávalos

Llegando a La Demajagua, tercer asentamiento poblacional en importancia de la Isla de la Juventud, justo antes de entrar nos da la bienvenida el majestuoso bosque de frondosos árboles de “goma” como suelen nombrarlos los lugareños.

A la derecha numerosas viviendas se erigen para proporcionar el toque de civilización a ese paraje y entre ambos un camino nos adentra en áreas de hombres que cultivan la tierra. Casi al final del sendero en la finca Los Hermanos residen Pablo Martínez Castillo y su familia, un ganadero y productor de cultivos varios asociado a la Cooperativa de Créditos y Servicios Jesús Menéndez.

Foto: Yesmani Vega Ávalos

Mientras transitábamos por la vereda rumbo a su hogar nos alcanzó cabalgando en su caballo para guiarnos hasta su propiedad.

Con dos caballerías de tierra bajo el cuidado de él y de su esposa, el guajiro nos cuenta que en esta campaña ya tienen sembradas ocho hectáreas de frijol y pretenden plantar de cuatro a cinco de tomate, cinco de calabaza, cuatro de melón y tres de boniato, para lo cual tienen las semillas y solo resta la preparación de la tierra, atrasada por las inclemencias del tiempo y vicisitudes con el combustible para las maquinarias.

“Este ha sido un año difícil –asegura el productor– los campesinos sembramos aprovechando la época, así se obtienen los mayores rendimientos. Ahora en tiempo de frío le toca al frijol y al tomate, no obstante la escasez de fertilizantes mermará el rendimiento.

“Tendremos que utilizar la materia orgánica y fumigar con los nuevos productos que nos van a ofertar, hay que sacarle fruto a la tierra, el país necesita de estas producciones para asegurar la comida del pueblo”.

Para garantizar el riego dispone de una turbina eléctrica pequeña cuya capacidad le alcanza al menos para regar seis hectáreas de la legumbre, el resto depende de la ayuda de la madre naturaleza.

“En esta época si se trabaja temprano podemos aprovechar la humedad incluso un mes y medio después. Por ejemplo, el melón echa raíz bien larga y la calabaza busca la humedad donde esté.

“Cada campesino tiene su libro, aún no he tenido la oportunidad de desarrollarme, pero cuando he sembrado boniato lo hago en distintas lunas, los mejores resultados los logro en menguante”.

Pablo labora con sus dos hijos y emplea una fuerza mayor en momentos como la recogida del grano. Asevera que la mejor siembra es la del frijol porque ara, pica, siembra y cultiva con el tractor, luego solo necesita un jornal de trabajo para la recogida.

“Con el tomate todo es más complejo: echar el semillero, sembrar y regar la postura. La semilla la compro en el banco destinado a este fin, esta vez adquirirnos la llamada Select que germina bien.

“Los productores deben asegurarse su simiente, tengo una de tomate con alrededor de 40 años de existencia porque los japoneses la mantienen, es el Novo, una variedad muy buena para hacer puré, rinde como las mejores, pega en cualquier tipo de suelo y no degenera. El año pasado lo perdí, pero en este lo recuperé”.

Respecto al frijol explica que cada campesino prefiere su variedad, “tenemos uno muy rápido, de buen rendimiento, si le acompaña el clima aunque sea regular a los dos meses ya está maduro y es resistente, pues no sufrió con el thrip del año pasado. En el caso de la calabaza escojo las mejores para semilla”.

Destacó Martínez Castillo que en la etapa anterior presentó dificultades con el tomate por la insuficiencia de recursos, sin embargo entregó 23 toneladas (t) de esa hortaliza, unas 80 t de frijol y alrededor de 27 000 litros (l) de leche. Para esta ocasión su plan de producción de leche asciende a 22 000 l y calcula aportar cifras similares a lo logrado el año anterior.

“Poseo 142 cabezas de ganado, de ellas 29 vacas están en producción, el resto son animales jóvenes, terneras y novillas. Estoy pidiendo más tierras porque en dos años tendré un incremento de los animales, pues compré un toro que me está dando gran cantidad de hembras.

“El promedio de litros por vaca en este momento está bajo, casi no llegamos a dos, pero hemos conseguido hasta cuatro litros. El ganado sufrió con la sequía. Aquí hay caña plantada y contamos con un molino para su preparación, con ello priorizo la alimentación de los terneros que son los más vulnerables. La mortalidad es bien baja y la intención es aumentar el número de reses”.

Así cada jornada con el cantío del gallo Pablo se dispone junto a sus retoños a hacer producir la tierra y los animales, confiado en obtener buenos dividendos para proveer a su familia y aportar a la alimentación de la población, una prioridad a la cual el campesinado no ha titubeado en responder a pesar de los obstáculos del bloqueo yanqui, las inclemencias del tiempo y la crisis mundial.

Isla de la Juventud
Yuniesky La Rosa Pérez
Yuniesky La Rosa Pérez

Licenciado en Comunicación Social en la universidad Jesús Montané Oropesa, Isla de la Juventud

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