Traviesos indispensables

Foto: Tomada de Internet

Todavía bajo los efectos del dolor por la pérdida de un entrañable amigo abrí Facebook, sitio en Internet donde hallé un bálsamo inesperado.

Se trata de las fotos colocadas por Niurka, mi compañera de trabajo, en la cual aparecía junto a Dianel –la princesita de otro colega– y el espontáneo beso que la pequeña depositó en su mejilla, alumbrándole el día, al cumplirse ese 30 de octubre dos años de la partida física de su esposo José Leonardo Reinoso Menéndez, nuestro querido Pepe, uno de los diseñadores del periódico Victoria.

Esas imágenes de tan pueril ternura me trasmitieron tanta energía positiva que levanté el ánimo, redacté una información pendiente y hasta decidí escribir el comentario para compartir con otros lo sucedido y recomendarles acudir a la sonrisa de un niño o niña cuando la pesadumbre los abrume o el estrés quiera atraparlos; bien sea el nieto, la hija, el sobrino o la vecinita del frente y de no ser posible asómense por la ventana de la casa, la fábrica o la oficina y miren el paso desenfadado de los pioneros cuando marchan a la escuela solos, en grupos o acompañados, lo cual es posible por la tranquilidad ciudadana existente en el país.

Nos corresponde, en cambio, ser celosos vigilantes de la formación integral en los valores morales, éticos y cívicos de esos “ismaelillos” a quienes comparo con las esponjas por su capacidad de “absorber” cuanto los rodea y, aunque uno no se percata, ellos todo el tiempo observan el comportamiento de los adultos para luego imitarlos en sus juegos y tomarlos de patrón al crecer.

De ahí el esfuerzo del Estado cubano en emitir un conjunto de disposiciones legales favorecedoras de las condiciones para el alcance del desarrollo integral de la infancia. Una prueba fehaciente fueron los artículos dedicados a la niñez y la adolescencia en la nueva Constitución de la República de Cuba, proclamada el diez de abril del actual año en una sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Al hablar con los visitantes acerca de la realidad de la nación antillana con sano orgullo referimos que aquí no hay pequeños invisibles porque al nacer en el propio hospital los inscriben en un registro oficial con nombre, apellidos, nacionalidad y otros datos significativos.

Tampoco les faltan la educación y servicios de salud gratuitos, tienen derecho a poseer lo necesario para vivir en una forma digna, díganse vivienda, alimentación, agua potable, vestuario, el acceso a la información para su bienestar mediante Internet, libros y medios de comunicación, a pesar del hostil bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a Cuba.

Ni pensar aquí en el trabajo infantil, pues están protegidos contra la explotación económica y respecto a la prostitución y abusos sexuales las leyes son bien severas con quienes intenten obligarlos a dichas prácticas ilegales.

En fin, que cuando el próximo 20 de noviembre se conmemore otro aniversario de la aprobación en 1989 de la Convención sobre los Derechos del Niño por la Asamblea General de las Naciones Unidas, podemos afirmar que en Cuba se materializan ampliamente los preceptos plasmados en ese instrumento jurídico internacional, el cual se firmó en 1990 y ratificó un año después.

 

Isla de la Juventud Opinion
Mayra Lamotte Castillo
Mayra Lamotte Castillo

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana; tiene más de 40 años en la profesión.

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