Torpedo a la insensibilidad

Caricatura: Osmany Castro Benítez

El tema número uno en el ranquin nacional son las colas y sus derivados: coleros, acaparadores y revendedores.

A pesar de estos complejos tiempos, plagados de carencias, crisis y bloqueo, el país se empeña en mantener el orden mientras algunos obstaculizan el esfuerzo de muchos por avanzar y promueven el caos, en busca de abrirse paso al monopolio de los productos.

El tiempo libre y la energía les sobran para custodiar una cola por más de 20 días, en tanto a otros cuatro o cinco horas de espera han sido suficientes para terminar con el cuerpo como acabado de recibir la peor paliza.

¿Cómo se las ingenian para dominar horarios, mercancías, puntos de venta…? no es lo más relevante ahora, pues al viejo fenómeno se le aplicó una “inyección profiláctica” que va surtiendo efecto.

Lo cierto es que las colas del pa’lo –pa’lo que saquen–, han disminuido de manera considerable desde que la máxima dirección de la Isla de la Juventud le puso un “torpedo a la insensibilidad” con la aplicación de nuevas medidas: Vincular las tiendas recaudadoras de divisas a establecimientos comerciales, como bodegas y supermercados; existencia de un torpedo con la numeración de la libreta de abastecimiento de cada núcleo para controlar las ventas; en cada unidad solo pueden comprar sus consumidores y no los de otra demarcación…, entre otras acciones en aras de organizar la comercialización de artículos deficitarios.

Ya cambió la escena de quienes marcaban para muchos.

Hoy no aparece el “equipo de pelota” ni el cubo de agua fría pasma el optimismo de alcanzar algo o volver temprano a casa.

Desarticular esa dañina red no fue fácil, pero tampoco resultó imposible. Mima, Emilio, Dolores, Esperanza… llegan a los establecimientos sin temor de que se vuelva elástica la ‟cadena” debido a los ‟reservados”.

Vivimos en un territorio pequeño donde es fácil distinguir a los ‟dueños de las colas”, mas el pueblo les ha puesto el cascabel.

El empleo de tiques en pos de ganar en organización también ha sido alternativa para enfrentar a los malhechores, cuya destreza en dichos escenarios ha mermado junto con la habilidad de aparecer cual magos Houdini en distintos lugares a la vez y adquirir varios productos del mismo tipo a pesar de la venta regulada.

Ciertamente aún la oferta no satisface la demanda y hay inestabilidad en los surtidos, sin embargo no podemos bajar la guardia ni permitir que la actitud de algunos inescrupulosos −incompatible con el esfuerzo sobrehumano que realiza Cuba para proteger la vida de la población ante la actual emergencia sanitaria global− germine ante los ojos de la comunidad.

Estamos en la obligación de evitar rebrote del colonavirus y sus aliados mediante ese antídoto llamado constancia. Frenar su proliferación con enfrentamiento oportuno, sin pasividad, denunciar, desmotar sus estrategias… está en nuestras manos.

Optimizar la organización de las colas en puntos comerciales no es exclusivo de la avanzada compuesta hoy representantes de las organizaciones de masa e instituciones de la defensa. Todos debemos sumarnos de forma enérgica en pos de mantener el acceso justo del pueblo trabajador a los productos.

Este aplaude cada acción aleccionadora contra esos pillos que ponen en tela de juicio la gestión del país.

Isla de la Juventud

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