Todo por evitarlo

El reinicio del curso escolar en Cuba este primero de septiembre ha constituido un gran reto para docentes, estudiantes y familias, las cuales desde la noche anterior alistaron las mochilas con –además de los materiales habituales– los tres nasobucos, jabón, toalla, vaso y cuchara, todos de uso personal.

Las instituciones educativas de la Isla de la Juventud, previo a ese momento recibieron una evaluación para constatar la organización de estas con vistas a garantizar el distanciamiento entre los alumnos en las aulas, las condiciones creadas para el cumplimiento de las medidas higiénico sanitarias, así como la cobertura docente.

Fueron arduas jornadas en total disposición para asumir la nueva etapa. Sin embargo, a pesar de tales esfuerzos ya comienza a resquebrajarse la disciplina ante las actuales circunstancias, que en otros municipios del país impidieron el acceso de los escolares a las aulas ese primer día del noveno mes del año.

Si bien Ena Elsa Velázquez Cobiella, ministra de Educación, no deja de insistir en el rol de los maestros como principales veladores de la seguridad y salud de los estudiantes, de hacerles conciencia sobre el peligro de incumplir lo establecido y quedar expuestos a la covid-19, existen experiencias poco felices.

Padres preocupados porque sus hijos aún permanecen sentados en la misma mesa junto a otro niño, no se cambian el nasobuco con la debida frecuencia o intercambian objetos de uso personal, son algunas de las inconformidades que precisan de mayor rigor en el acatamiento de lo determinado por las máximas autoridades del sector para responder a la amenaza del nuevo coronavirus.

La decisión de retomar el curso escolar 2019-2020 responde a la favorable situación epidemiológica de la mayoría de los territorios de la nación; no obstante, esto no constituye sinónimo de normalidad, pues el riesgo permanece latente.

Por ello, ante la necesidad de aprender, dominar los objetivos y transitar al grado o nivel correspondiente se persiste en llevar a efecto y chequear de manera estricta lo orientado.

Hoy, a la eliminación de matutinos y actividades colectivas, al horario de receso escalonado, la pesquisa diaria y demás medidas, se debe sumar con énfasis el trabajo educativo con los estudiantes –y también docentes– sobre la conducta a seguir dentro y fuera de los centros educacionales.

Cuando la directora municipal de Educación, Nuris Peña Rodríguez, ha instado a “dar mucha tranquilidad a la familia”, al tiempo que los educandos se preparan para vencer las actividades evaluativas previstas, vale la pena alertar en este sentido, pues preservar, en especial a los pequeños, es la tarea número uno en estos momentos.

Si difícil es el contexto internacional y complejo se torna también el nuestro, no echemos por tierra el esfuerzo de un país bloqueado en lo económico y financiero que pone todo su empeño en evitar, como hasta ahora, brotes de la enfermedad en tales instituciones. Definitivamente, de la estricta observancia dependerá el necesario cumplimiento de las medidas orientadas en garantía de la alegría, los deseos de aprender y la salud en los niños frente a la covid-19.

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Casandra Almira Maqueira
Casandra Almira Maqueira

Licenciada en Estudios Socioculturales en la Universidad Jesús Montané Oropesa, Isla de la Juventud

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