Tenía mi propiedad de verdad

Florentino Rives Ibáñez
Foto: Gerardo Mayet Cruz

Pensé que sería una entrevista engorrosa, pues al parecer mi entrevistado se mostraría reacio a conversar sobre algo tan lejano como la primera Ley de Reforma Agraria, que este 17 de mayo cumplirá 60 años.

La bienvenida fue maravillosa y Florentino Rives Ibáñez, quien se benefició con aquella legislación que acababa con el latifundio en Cuba y le entregó la tierra a quienes la trabajaban, se mostró locuaz y con una memoria increíble para sus 86 años.

El diálogo, sin embargo, no comienza por el objetivo del encuentro, le dejo hablar y evoca la época en que trabajaba para Willians Keis, un ruso dueño de aquellos parajes cercanos a El Canal y donde al decir de él, laboraba de sol a sol con el capataz por dos pesos.

Y entonces ya no hay quien lo pare haciendo siempre una comparación de aquellos momentos con los de ahora.

“Yo solo cosechaba hasta 1 000 quintales de yuca, también sembraba pepino para semillas, hortalizas y viandas”, subraya con seguridad y un semblante surcado de arrugas que junto a la mirada lo hacen transportarse en el tiempo.

Desde la cocina nos llega la voz de una de sus hijas, quien señala que tuvo cinco hembras que le han dado siete nietos, un bisnieto y un tataranieto. Aquí en esta parte de la plática asoma su sonrisa pícara de buen cubano.

Habla de sus andanzas, de la pérdida de los dientes a los 38 años, de la caída de la palma y por último de la afectación de su brazo que le imposibilita trabajar la tierra.

Por fin llegamos al día especial en su vida, cuando lo llamaron para entregarle la propiedad de la tierra, unos 112 acres, como se decía en esa época (casi cuatro caballerías).

“Me sentí muy bien, sobre todo porque ya tenía la verdadera propiedad de esas tierras en las que tanto trabajé, aunque ahora me las daba la Revolución.

Luego la conversación giró en torno a la fundación de la primera cooperativa en el territorio, la Conrado Benítez, de la cual es fundador y miembro hasta estos momentos, así como de cuando pasó a formar parte de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, nacida dos años después de la histórica primera Ley de Reforma Agraria.

Nos vamos con el compromiso de regresar y platicar acerca de cómo era la Isla en la etapa en que la Revolución eliminó el latifundio que acaparaba las mejores tierras y expoliaba a los que las trabajaban, así como de los beneficios que trajo el triunfo revolucionario a los pineros, sobre todo a quienes con su sudor abonaron el camino de lo que es hoy el pujante movimiento cooperativo y campesino en esta parte del territorio cubano.

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Pedro Blanco Oliva
Pedro Blanco Oliva

Licenciado en Literatura y Español en la universidad Carlos Manuel de Céspedes, Isla de la Juventud. Diplomado en Periodismo con más de 40 años en la profesión

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