Talleres y barrios aportan nasobucos

No son pocas las personas que andan con nasobucos en la calle o se protegen de esta forma al abordar cualquier medio de transporte. Y aunque todavía nuestro territorio no está entre los directamente afectados, la preparación para enfrentar la pandemia es tan activa como en el resto. Andar con nasobucos ya no es una rareza, aunque quizá sea todavía –con el calor de la primavera– un medio de protección al que nos cueste habituarnos.

Los hay de diferentes tipos y colores, lo cual indica la no procedencia de un mismo taller de confecciones. A la búsqueda de su hechura, visitamos primero al Dimas Pozo. Allí nos atendió Leidis Guerra Domínguez, subdirectora comercial de la Empresa Industrias Locales. Por su intermedio conocimos que ya confeccionaron la ropa sanitaria, nasobucos y gorros para la Empresa Avícola. Ahora trabajan en la terminación del lote para el hospital.

“No tenemos tejido ni hilo para la confección –precisó– con destino a la población. Todo lo que hacemos es con el aporte de las entidades. Pero nadie debe alarmarse, tejido no faltará. Ahí están las sábanas que se guardan y si hace falta más tela de hilo, que es la apropiada, se pondrán a nuestra disposición. Eso ya está previsto”.

En el atelier La Ternura. Foto: Wiltse Javier Peña Hijuelos

En el atelier La Ternura, a inicios del bulevar, nos atendió su administradora, Concepción Rubio Reyes. Allí, como en el Dimas Pozo, el cliente aporta su tejido; con el hilo no hay problema porque poseen reserva suficiente como para enfrentar los pedidos. “Entre estos incluyo a los hoteles que están previstos como centros de evacuación: Las Codornices y, si resultara imprescindible, Playa Bibijagua. Estamos haciendo sus nasobucos con lo que ellos aportaron y estarán terminados para esta semana. En cuanto a la población, unos 700 nasobucos ya fueron producidos, y nos encontramos abiertos a nuevos pedidos. No hay razón para un precio altísimo por un nasobuco, como he visto por ahí”.

LOS BARRIOS SE SUMAN

Mirta Faez Sanamé ha hecho de su casa un taller familiar de confecciones, en el CDR 3, zona 81 de Nazareno, perteneciente al Consejo Popular Sierra Caballos.

Esta maestra jubilada, de 76 años, nos entera de que hace tres semanas comenzó con la confección de esos medios de protección porque “es una situación que puede afectar a cualquiera. Soy costurera, pero toda la costura que me llega la tengo apartada”. Ahora cose nasobucos todo el día, con pequeños descansos solo para alimentarse o ver la Mesa Redonda.

Mirta Faez. Foto: Wiltse Javier Peña Hijuelos

Mirta tiene ya más de 150 confeccionados. “Y cantidad de encargos de tela que me han traído. Cada uno aporta y no solo para él, lo que sobra va para repartir en este y otros CDR, en hermandad y sin cobrar un centavo”.

Mientras en otros países son despedidos los trabajadores a causa de la pandemia, en el nuestro “las medidas que se adoptan –destaca Mirta– son para beneficio de toda la población”.

Nilsa Benítez. Foto: Wiltse Javier Peña Hijuelos

En la cuna del sucu suco, La Fe, Nilsa Benítez Cabrera, una mujer de tantos años como la anterior, hizo los primeros nasobucos para su familia o amigos. Pertenece al Bloque 58 de la FMC.

Hoy no para de confeccionarlos y cuenta cada día con la contribución de los vecinos. “Me siento más estimulada a continuar la tarea que inicié. Porque en el mundo se pueden tener armas atómicas o ser un país súper desarrollado, pero igual… esta enfermedad los puso a todos igual, de rodillas. Para levantarse les falta lo que nos sobra a nosotros, solidaridad”.

Mirta y Nilsa, las dos cederistas y federadas, tienen un solo empeño previsor. Apenas una muestra de la fuerza inagotable del pueblo, como los colectivos Dimas Pozo o el atelier La Ternura, dispuestos a trabajar para que los medios de protección y la ropa sanitaria no falten.

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