Strike 3: Ecos de una final

vargas1Ciego, el justo campeón, malhirió el orgullo azul con cuatro zarpazos, dos de ellos en el mismísimo cuartel del Cerro. Han pasado los días, pero la capital todavía no para de buscarle explicaciones al revés. Un revés que, para mí, tiene causas tan claras como los ojos de Charlize Theron.

 

vargas1Ciego, el justo campeón, malhirió el orgullo azul con cuatro zarpazos, dos de ellos en el mismísimo cuartel del Cerro. Han pasado los días, pero la capital todavía no para de buscarle explicaciones al revés. Un revés que, para mí, tiene causas tan claras como los ojos de Charlize Theron.

Mucho me molesta la vieja manía de atribuir los éxitos a los equipos, y achacarle todos y cada uno de los fracasos a los managers. Que ciertamente se equivocan, como le sucedió a Lázaro Vargas, pero ellos no son los que hacen swines, ni los que lanzan para home, corretean por las almohadillas o se ponen el guante.

No, señor. Los partidos de pelota -cuando menos el noventa por ciento de los partidos de pelota- los pierden los propios peloteros. Acepto que el mando industrialista no debió relevar con novatos en choques reñidos y de máxima tensión. Concuerdo en que debió apelarse más al juego chiquito, habida cuenta de que no eran oportunos los maderos. Incluso pienso que hicieron falta cambios en la alineación.

Pero ojo, ni Vargas, ni Medina, ni ninguno de los preparadores del equipo, tiene la culpa de que, por ejemplo, el line up diera un solo jonrón en cinco choques. O de que la medular ofensiva (tercero al quinto bates) apenas impulsara dos carreras en 61 turnos oficiales. Ni de que Rendón y Montieth no pudieran asomar en el montículo.

Nada de pedradas verbales. Más allá de sus yerros y de la novatada, el cuerpo de dirección azul merece encomio. ¿O ya nadie se acuerda de que Industriales finalizó en el décimo peldaño en la temporada previa? ¿O será que olvidamos que el segundo abridor, Arleys Sánchez, no pudo trabajarle, y que el mejor apagafuegos, Portal, abandonó tempranamente el campeonato?

No soy hombre de pasar paños tibios, pero creo que la fanaticada industrialista debiera estar feliz. Dolida por el fracaso en los umbrales de la gloria, pero, de todos modos, feliz. Sabedora de que el segundo escaño significa cerrar la campaña por encima de otras quince escuadras. Consciente de que más duro ha sido el golpe para Villa Clara y Sancti Spíritus, que volvieron a sucumbir en el intento, y para Pinar del Río y Santiago, ausentes de la postemporada.

Los Leones perdieron la final porque no conectaron a la hora precisa, y porque su pitcheo, como el Titanic, hizo aguas. Y, claro, porque Ciego fue muy superior en el terreno. Solo un ciego no se da cuenta de eso.

 

 

 


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