Cultura

SOS Casino

Juan Gómez Barranco, más conocido en los círculos de casineros de Cuba y allende sus mares como “Juanito el Abuelo”. Foto cortesía del autor.
Juan Gómez Barranco, más conocido en los círculos de casineros de Cuba y allende sus mares como “Juanito el Abuelo”. Foto cortesía del autor.

Juanito Gómez, “el Abuelo”, cuenta la historia, los avatares y los peligros que se ciernen hoy sobre el más popular de los bailes cubanos.

La vida que escogió, signada por la música y el baile de casino, hacen que la mayoría de sus días se extiendan hasta mucho después de la medianoche. Juan Gómez Barranco, más conocido en los círculos de casineros de Cuba y allende sus mares como “Juanito el Abuelo”, no aparenta la edad que tiene. Sólo cuando te afirma ser uno de aquellos muchachos fundadores del popular estilo de baile allá por los finales de los años 50 del pasado siglo, la aritmética te obliga a preguntarle y confirmar que ya sobrepasó la barrera de las siete décadas de existencia.

Soñador de la cabeza a los pies, con los que aún baila en la rueda de los fundadores, Juanito es de aquellos que luchan toda la vida, un imprescindible de la historia viva del baile en Cuba. Debe vencer diariamente incomprensiones, a veces de los propios músicos, de funcionarios de las instituciones de las cuales depende su trabajo, de un portero con ínfulas de general, o de un bailador “que se las sabe todas”. Pero es también –está demostrado–  un participante exitoso en la desleal competencia por conquistar los espacios de La Habana nocturna.

Las preocupaciones y sobre todo las ocupaciones muchas veces le quitan el sueño, pero no lo vencen del todo, porque vive convencido de que es legítimo y necesario su empeño por abrir pista a los bailadores de Cuba y del mundo, que le siguen fielmente como a flautista de Hamelín.

“Mi mayor satisfacción es ver llenos los lugares que hemos ido consolidando para los bailadores. Es que el casino nació así, de manera espontánea, sin que nadie que no fuésemos nosotros mismos, nos dijera qué teníamos que hacer, dónde teníamos que reunirnos, o de qué manera bailar”

Eran los años cincuenta…

Bailar casino en Cuba, algo más que una tradición. Foto cortesía del autor.
Bailar casino en Cuba, algo más que una tradición. Foto cortesía del autor.

De la mano de Juanito Gómez recorremos entonces una historia que nadie como él puede contar, porque la vivió, porque la vive, porque la ha estudiado y sobre todo porque la ha concientizado, del mismo modo que hace más de una década se dio a la tarea de reunir y organizar a los “fundadores”, aquellos muchachones y muchachonas que dieron los primeros pasos en el Casino Deportivo de La Habana, hoy la Casa Central del MININT “Cristino Naranjo”, en la avenida primera y calle ocho, en Miramar.

“Fue allí y no en otro lugar –recuerda– donde se formó la primera rueda, la Rueda del Casino, le decían, y con el tiempo terminó siendo la rueda de casino. He leído y escuchado a prestigiosos compañeros y compañeras que al hurgar en esta historia hablan de la orquesta Casino o del Casino de la Playa para intentar encontrar el nacimiento del nombre de nuestro baile. Nada más lejos de la realidad.

“Fue en el Casino Deportivo, allá a finales de los años 50 del siglo veinte, donde, influenciados por el son, el chachachá y el rock & roll, en lo fundamental, aunque no descarto otras influencias, hasta de la contradanza, y a partir de la música que hacían lo que entonces se llamaban los conjuntos, que se dieron los primeros pasos y se hicieron las primeras maniobras de soltarse e intercambiar las parejas, insisto, de manera natural, sin que nadie pueda decir hoy: yo inventé aquello, esto, o lo otro.

“Hay mucho que desmitificar: por ejemplo, no hubo negros ni mulatos en los inicios, porque el Casino Deportivo era un club exclusivo para blancos, donde iban los hijos y las hijas de las familias, digamos de clase media, y algunos de nosotros que con gran esfuerzo pagábamos o entrábamos con la ayuda de las muchachas. Tenemos una de las fundadoras que aún conserva su carnet de miembro del Casino Deportivo”.

Juanito es concluyente en este aspecto, porque como sucede en tales casos, hay quienes pretenden –incluso fuera de Cuba– adjudicarse una historia que no les pertenece.

“Ninguno de nosotros tenía conciencia de ser fundadores o inventores de algo, lo nuestro era bailar, divertirnos, y así fuimos inventándonos los primeros pasos y las vueltas del casino y la rueda. Después vinieron otros que bailaron y desarrollaron el casino a principio de los sesenta, y a muchos de ellos les hemos otorgado también la categoría de fundadores”.

Es el triunfo de la Revolución, como en muchas otras cosas de la vida en Cuba, lo que da el impulso al auge y expansión de este estilo de baile por toda la isla, en la medida en que aquellos clubes exclusivos para blancos y ricos se fueron convirtiendo en los Círculos Sociales Obreros, donde disfrutaban por igual todas las familias cubanas.

Uno de los ejemplos más reconocidos y recordados es la Rueda del Oso, en el Círculo Patricio Lumumba, en la Playa de Marianao. Joaquín Roche, el mítico “oso”, al que muchos creen desaparecido o emigrado, aún sigue bailando cada jueves en los Jardines del restaurante 1830, como parte de la rueda que dirige Juanito Gómez:

“Fue una época fundacional en todo sentido –recuerda el Abuelo–. A La Habana llegaban jóvenes de toda Cuba, y se van a bailar al Casino Deportivo y a otros clubes ya nacionalizados. Estaban por ejemplo las “Ana Betancourt”, eso lo tengo clarito, recuerdo a aquellas muchachas que venían a estudiar corte y costura, y algunas otras técnicas domésticas, pero recibían clases de lectura, de escritura, y se iban incorporando a la vida cultural, se iban metiendo en esta manera de divertirse que teníamos nosotros.

Igualmente sucedía con nuestra participación en trabajos voluntarios y otras tareas de la Revolución. Cuántas veces no estuvimos movilizados en zafras completas, en la campaña de alfabetización… Así se va expandiendo el casino. O sea, venían los jóvenes a La Habana y los habaneros nos íbamos a cumplir tareas por todo el país.

Yo, por ejemplo, siendo todavía, como se dice, un vejigo, me llevé a la alfabetización el baile que me gustaba, y cuando llegué allí fui un foco. En el medio de un batey, en un lugar lejos de la civilización a donde fui a alfabetizar, cuando se ponía música yo bailaba lo que sabía: casino, y empecé a influir en la gente que se daba cuenta que ahí había un fenómeno diferente. En ese intercambio que sólo logra la Revolución es que el casino crece como si fuera una explosión en todas partes. Y en unos pocos años, ya en los sesenta, a cualquier lugar que tú llegaras ya veías a la gente bailando casino. Toda Cuba bailaba al ritmo de las orquestas más populares como el Conjunto Casino, el de Roberto Faz, Chapotín y Rumbabana, entre otras muchas”.

Salvar el baile popular

Juanito Gómez, un experto del baile y la historia del "casino". Foto cortesía del autor.
Juanito Gómez, un experto del baile y la historia del “casino”. Foto cortesía del autor.

Juanito el Abuelo puede hablar horas y horas sobre el casino, su posterior desarrollo y los más reconocidos bailadores, como el caso de Rosendo, su compañero en el ballet de la televisión. En esta materia es una enciclopedia viva.

Mas no se ufana de ello. Nunca ha escrito un libro, pero le sobran conocimientos para impartir conferencias sobre lo que ha vivido todo este tiempo. La semana pasada, ante un grupo de norteamericanos interesados por esta historia habló casi tres horas, interrumpido solo por las preguntas ansiosas de sus interlocutores. Hubo lágrimas y emociones compartidas, porque también el baile une a cubanos y estadounidenses.

Pero más allá de lo meramente histórico, es el presente y el futuro del baile popular lo que más preocupa a Juanito Gómez. Sus reflexiones al respecto encierran un SOS que a veces parece no ser lo suficientemente percibido.

“Mira, yo hasta me siento culpable por un fenómeno que hoy amenaza el baile popular en Cuba. Junto a mi hermano Jorge y otros compañeros que fundamos el Grupo Moncada fuimos de los primeros, allá por los ochenta, en llenar con miles de jóvenes una plaza tan enorme como la escalinata de la Universidad de La Habana, de cuyos conciertos yo era el organizador. Recuerdo como si fuera hoy cuando Augusto, nuestro cantante, comenzó a pedir al público que levantara las manos, en medio de aquel proceso tremendo de comunicación que se producía.

“Ahora, sin embargo, la costumbre se ha extendido a nuestros principales cantantes y grupos de música de la llamada bailable, y ahí se produce la gran contradicción con los seguidores del casino. ¿Cómo van a bailar y a hacer la rueda si constantemente les piden que levanten las manos, muevan la cintura o den pasos para acá o para allá?

“Peor aún, en los grandes conciertos masivos de las mejores orquestas del país, incluso en un lugar tan emblemático para bailadores como los Jardines de la Tropical, se ha reducido a cero la pista de baile, porque la gente se aglomera junto a la tarima para ver más de cerca el espectáculo que es la orquesta en sí misma. El que quiera bailar casino, o sobre todo la rueda, debe inventarse un lugar lejos de los músicos y del montón de gente…

“Igual sucede con temas musicales que pueden durar hasta diez minutos sin parar, con lo cual el bailador no tiene tiempo para descansar, para agarrar un aire, para cambiar de pareja. Eso ya no se tiene en cuenta por alguna de esas orquestas que en una noche hacen solo cinco o seis temas excesivamente largos, con los cuales cumplen el tiempo de actuación que tienen pactado.

“Es un fenómenos que tal parece que nadie advierte, pero que está acabando con la tradición del baile popular en Cuba.

“Lo he conversado con muchos amigos músicos, con la gente que organiza estos “bailables”, y en general coinciden conmigo, pero no veo ninguna solución a la vista. Yo no me voy a cansar de decirlo y de hacer y exigir en nuestros espacios lo que creo correcto. No recuerdo jamás haber visto a Benny Moré, a Chapotin, y a otros grandes decirle al público que dejara de bailar para levantar manos o hacer pasillos inventados en el momento. Nuestras principales orquestas actuales como Van Van, por situar un solo ejemplo, jamás necesitaron de eso para que los bailadores salieran a la pista desde los primeros hasta los últimos acordes…

Juanito tiene mil explicaciones del porqué se ha llegado a la situación actual: cosas de la moda, cosas de los lugares donde se paga la entrada y los músicos cobran por la cantidad de boletos vendidos… Pero nada le convence.

En casa del trompo…

La rueda de casino se ha extendido desde Cuba hacia gran parte del planeta. Foto: @1oeil2yeux/ Flickr.
La rueda de casino se ha extendido desde Cuba hacia gran parte del planeta. Foto: @1oeil2yeux/ Flickr.

Como resuelve todo en su vida, el Abuelo no se queda de brazos cruzados y hace lo que está a su alcance para que el casino se mantenga vivo. Sus esfuerzos no son en vano, le llevan tiempo y salud, pero al final muchas veces se sale con la suya. En otras ocasiones choca con burocracia e incomprensiones, pero también le sirve de experiencia.

“Durante un buen tiempo nos dimos a la tarea de organizar el círculo de fundadores del casino y la rueda. Hoy aspiramos a constituir la Asociación de Bailadores de Casino con el objetivo de protegerlo, rescatar su historia y dar seguimiento a sus actuales tendencias. Hasta el momento no encontramos oídos receptivos que nos permitan oficializarla y tener al menos una sede.

“Yo sé que el danzón es reconocido como el baile nacional cubano, pero el  casino es sin dudas el más popular de las últimas seis décadas. Ponga usted cualquier música bailable en cualquier fiesta en esta isla, y yo le aseguro que la mayoría de la gente, jóvenes y viejos, salen a bailar casino y la rueda, lo demás es paisaje, modas que llegan y se van, pero el casino se queda. Y puedo decir con orgullo que en el mundo entero se multiplica. Baste escribir en el Google “rueda de casino” y usted verá miles y miles de sitios de todas las latitudes, lugares impensables, por lo lejanos geográfica y culturalmente de Cuba, donde hay escuelas, academias, bailadores, clubes de casineros…

“Mantenemos contacto con gran cantidad de esos amigos, entre ellos muchos cubanos que viven fuera y que han hecho del baile su razón de existir. Crece el número de esas escuelas que vienen semanalmente a La Habana, al 1830, como decirnos, a bailar en casa del trompo. Aunque lo hemos intentado varias veces y no nos ha salido bien, no pierdo las esperanzas de realizar alguna vez un encuentro mundial de bailadores de casino en Cuba, porque aquí nació, aquí creció y no podemos dejar que nadie nos lo arrebate.

“Desde hace unos meses emprendimos un trabajo con el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, porque si algún estilo de baile es patrimonio del cubano: ¡ese es el casino! Es una labor difícil, que requiere de tiempo, lleva parámetros, documentos y certificaciones que deben ser aprobados por expertos, pero yo tengo confianza en lograr, primero la condición de patrimonio de la nación, y luego, con seguridad, ser declarados por la UNESCO como patrimonio vivo de la humanidad”.

Pero todo no se queda en sueños y esperanzas. Juanito el Abuelo tiene bien ocupadas con su trabajo la mayoría de las noches de la semana, donde hace lo que tiene que hacer para que el casino siga bien vivo.

“Nosotros, con el Proyecto Rueda de Casino, que son los más jóvenes seguidores y cultores de esta historia,  tenemos nuestro espacio principal los martes, jueves, sábados y domingos en el 1830; los lunes recién abrimos en el Hotel Comodoro;  los miércoles en La Gruta en La Rampa, y los viernes con el Grupo Moncada en Le Select, en 28 y 5ta avenida, Miramar.

“En el mil-ocho tenemos cada sábado música en vivo, con varias orquestas jóvenes que saben hacer bailar, como Las Canelas, Aisar y el Expreso de Cuba, Maikel Dinza y Soneros de la Juventud,  Andy Rubal, Chispa y los Cómplices, y otras igual de primera línea, como Yumurí y sus hermanos, que vamos rotando. Los domingos mantenemos “El Moncada y el Casino de todos”, que ha sido una fórmula tan novedosa como exitosa.

“Casi sin promoción en los medios, nuestros lugares se repletan. Los jueves la gente va al mil-ocho a bailar con los fundadores y allí se mezclan todas las edades y todas las nacionalidades. Porque tenemos lo principal: entusiasmo, buena música y pista suficiente para bailar”.

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