Solución que engendra un nuevo problema

Foto: Archivo

Una de las primeras acciones llevadas a cabo por tenderos y comerciante para desestabilizar a la naciente Revolución en el poder fue recoger toda la moneda de plata, meterla en pomos de cristal y enterrarla. Se creó, de inmediato, una falsa crisis: no había moneda fraccionaria en el mercado, no había cambio…

Los más viejos recordarán la solución “a la cubana” que le encontró enseguida el pueblo pobre pero revolucionario. En tiendas y bodegas comenzaron a circular como objetos de pago los huevos de gallina, las canicas de cristal usadas por los niños en el juego de bolas o “los tabaquitos de quilos”

Estos últimos eran muy pintorescos. Se juntaban 20 monedas de a centavo (quilos), y puestas una al lado de la otra formaban una especie de tubito que, con los extremos doblados, se envolvía en cualquier papel. Y ya tenía usted una moneda de 20 centavos, una peseta.

No faltó quien intentara hacer moneda falsa y a un pedacito de alambrón, cortado al largo conveniente, le ponían un centavo en cada extremo y lo envolvía como los demás. Por eso, los comerciantes, cuando uno iba a pagar con estas monedas de emergencia, le desarmaban el tabaquito para comprobar si estaba adulterado.

Quienes pretendieron estrangular a la Revolución escondiendo la plata de la moneda fraccionaria, se llevaron el gran chasco en 1962 cuando se acuñó la primera emisión en otro metal pero con un lema muy significativo: PATRIA O MUERTE.

¿Por qué les cuento todo esto? ¿Por el placer de recordar…? No, porque enfrentamos una situación muy parecida aunque por motivos bien diferentes. Y estamos obligados a resolverla.

Ahora, cuando encuentra un producto que precisa, puede recibir, quizás con demasiada frecuencia, el mismo “no tengo cambio” de antes, de hace más de 50 años. Y usted se encuentra con su flamante billete de 100, 200 o 500 pesos en la mano, pero más “arrancado” (pobretón) que un chaleco sin mangas.

La razón aparentemente está en la tecnología. Por conveniencias mecánicas los cajeros automáticos acaban de ser reprogramados, y ahora solo dispensan billetes con denominación superior a los 20 pesos. En consecuencia, usted recibe su inexacto depósito, tiene su dinero en el bolsillo, pero no ha resuelto lo primordial: cómo pagar una simple croqueta.

La decisión adoptada al reprogramar los cajeros, en consonancia con la subida de salarios, quizás funciones para otras provincias, mucho más grandes y con mayor circulación monetaria. No para la Isla de la Juventud. Aquí se precisa que al menos un cajero de cada dos dispense los billetes de uno, tres, cinco y diez pesos. Esos imprescindibles que facilitan el cambio, el vuelto, en cualquier lugar.

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