Sin “trabajo” coleros, acaparadores y revendedores

La TRD El Bazar del reparto Comandante Pinares, en La Fe, la mayor en toda la Isla (más de 1400 núcleos familiares, 4102 consumidores) continuaba abierta casi dos horas después de su horario de cierre. ¿Motivo? No se dispone allí de refrigeración suficiente, quedaban 58 paquetes grandes de pollo y varias cajas de aceite, entraba la noche y… los clientes, después de toda una jornada de ventas, estaban llegando por cuenta gotas.

Concluía otro día con la aplicación de las nuevas medidas organizativas para la distribución de aquellos alimentos considerados como de primera necesidad. El uso del torpedo -donde se anota el número de la libreta de abastecimiento, nombre del comprador y su carnet de identidad- ya marcaba la diferencia.

Atrás quedaban la colas con tantas cabezas de serpientes como la mitológica Medusa, y se abría paso una nueva forma de distribución, más calmada, justa y equitativa.

El denso panorama anterior, donde a pasto merodeaban coleros, acaparadores y revendedores, quedaba definitivamente clausurado. El trabajador, a quien antes se le dificultaba en extremo adquirir estos productos, ahora respiraba un aire nuevo, se distendía y hasta le afloraba una sonrisa de agradecimiento. Nuestras autoridades locales habían logrado “…remacharle la cabeza a los clavos”: recoger las mejores experiencias de otras provincias y darle un toque verdaderamente pinero: vincular los establecimientos de la red minorista en CUC con los consumidores de cada bodega en específico.

Así todo puede marchar mejor, pero como toda experiencia nueva faltan detalles por afinar. Y van a la cuenta de cada uno de nosotros en particular. Veamos las razones.

La vinculación no significa que estos productos estén asignados por la libreta, sino controlados con la libreta. Y no es lo mismo. Lo suyo no va a estar allí esperando por cuando pueda o decida adquirirlo. Los trabajadores de las TRD están vinculados a la venta diaria. Tienen por obligación -para decirlo de algún modo- que darle salida a los productos en el menor tiempo posible. Además, su capacidad de almacenamiento o refrigeración no les permite otra cosa.

Los 58 paquetes de pollos a los cuales hice referencia, tuvieron que ser devueltos esa misma noche al almacén central, medio descongelados. Quien fue a buscar “su pollo” al otro día, encontró otra oferta, recién llegada, de picadillo, hígado y salchichas.

¿Comprende el mecanismo?

Aquellas colas-tumulto… no volverán. Para eso se trabaja. No las quiere nadie. Excepto quienes medraban con ellas y que ahora acaban de quedarse… sin “trabajo”

Isla de la Juventud Opinión

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