¿Sin abrazos?

El Coronavirus es declarado una emergencia internacional. ACN Caricatura/Osvaldo GUTIÉRREZ GÓMEZ/ogm

Este coronavirus que da la vuelta al mundo nos trae algunas lecciones y desafíos. Hay verdades antiguas que a veces quedan escondidas en la agilidad de los días: La enfermedad puede tocar en la puerta del príncipe o el mendigo; es frágil la vida del hombre; y todos tenemos, como especie cada vez más conectada, un destino común.

Sobrecogedoras son las imágenes de ciudades vacías en medio de la cuarentena. Pareciera que un flautista se llevó a los habitantes de un pueblo, o que nos asomamos por una ventana que nos deja ver un fragmento de aquellas imágenes de ciencia ficción y apocalípticas.

Hay países donde la salud humana es una mercancía más; una prueba para determinar si alguien es portador del virus podría costar
3 000 dólares. ¿Es cierto eso? ¿Y quienes no tienen seguro médico, cómo se las arreglan? Este Covid-19 deja al desnudo las fallas estructurales de sistemas sociales donde las personas son tornillos de la gran maquinaria que produce millones para pocos y pobreza para muchos.

Ahora el nuevo coronavirus es también un examen de ética; el egoísmo hace sus trincheras, las mentiras y el morbo corren por redes sociales exacerbando pánico e incertidumbre; y la solidaridad es un poco de fuego que sobrevive a la llovizna.

¡Qué hermosa la escena de ver cantar en coro a los italianos desde los balcones de sus casas! Es como si se contaminaran con el virus de la felicidad colectiva, de la risa, o ese misterio de amor que no puede ser derrotado en lo mejor del hombre.

Por eso Evangelina, en La Habana, rompe tres de sus sábanas y las convierte en nasobucos para el que necesite, no importa si se trata de un desconocido. Un barco donde hay personas que portan la enfermedad, recibe permiso, a pesar de los riesgos, para entrar a puertos cubanos  por humanidad, y enviarlos en avión a casa.

Tal vez para los cubanos, el mayor problema es cómo evitar los abrazos, los saludos efusivos, ese hábito de cariño que nos identifica tanto como un Carné de Identidad; es que estamos acostumbrados a arrollar en una conga aun después de ese ciclón que nos echa por tierra,  a tirar la ficha de dominó sobre la mesa para cantar un capicúa, bailar casino o discutir de pelota en una esquina.

Ahora hacen falta una moratoria a nuestras sobredosis de afectos; una tregua al hablarnos con tanta cercanía; un descanso a los apretones de la euforia. Hay que saludarse con los puños cerrados, con los antebrazos, con ese gesto que no es nuestro de inclinarnos como quien va a un combate de yudo o se retira del tatami.

Démonos un plazo y téngase presente al Eclesiastés: “Todo tiene su tiempo”…Ya volveremos a la carga de abrazos repartidos, a esa manía de andar mezclados entre la bulla y los afectos. Pero eso sí, que la pandemia no destruya el amor, el optimismo ni las ganas; dejemos abierto un libro para llenarlo con manos que se aprietan, en una isla donde vive de guardia la alegría.

(*) Profesor de la Universidad Jesús Montané Oropesa y  colaborador

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2 Replies to “¿Sin abrazos?

  1. Parte el alma y desfigura el rostro. Un bichito nanométrico puso al mundo patas arriba.
    Ahora resulta que los odiosos comunistas tienen que ir a los paraísos capitalistas a tratar de parar lo que ellos no pueden.
    Asquerosa realidad. Los sistemas de salud privados arrodillados ante los sistemas de salud al servicio de todos.
    Leí que un señor con título noviliario y jefe de un pequeño estado europeo está contagiado, o sea que el bichito no entiende de títulos.
    Mi hermana y una vecina están haciendo lo que la señora de La Habana. Lo reparten en el barrio y explican cómo se pone.
    Realmente es de película lo que está pasando.
    Esperemos que el mal sea frenado con la cooperación.

    1. Así es José, el bichito no entiende, es brutal y todos debemos cuidarnos. Sería bueno que nos dijera cómo contactar con su hermana, nos alegran esas historias de vida, mñas en tiempor de contingencia, por lo pronto me las felicita. Ah y que necesito nasobucos….

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