Símbolo de nuevos tiempos

escuela-intern-1Una de las motivaciones más entrañables del actual curso escolar para los pineros es la celebración del aniversario 35 del nacimiento de las escuelas internacionalistas,  original experiencia, de profunda dimensión educacional, humana y mundial, nacida al calor del nuevo nombre de Isla de la Juventud y que hoy reconoce y convoca a protagonistas, recuerdos y sueños realizados.

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logo-escuelas-internUna de las motivaciones más entrañables del actual curso escolar para los pineros es la celebración del aniversario 35 del nacimiento de las escuelas internacionalistas,  original experiencia, de profunda dimensión educacional, humana y mundial, nacida al calor del nuevo nombre de Isla de la Juventud y que hoy reconoce y convoca a protagonistas, recuerdos y sueños realizados.

Entre septiembre y diciembre de 1977 llegaron los primeros estudiantes africanos –mozambicanos y angolanos–, pero no fue hasta el ´78 que se generaliza el programa, justo en el año de la histórica proclamación aquel 2 de agosto.

“… La esperanza flamea en los corazones, el trabajo, el estudio y la defensa convergen en la acción cotidiana, el espíritu internacionalista florece pródigamente en las escuelas pobladas de niños y adolescentes de Angola, Mozambique y Etiopía, con sus aulas abiertas a todos los niños y adolescentes del mundo”, afirmó Raúl Roa, vicepresidente del Parlamento cubano en acto donde se oficializó el cambio de nombre de Isla de Pinos.

escuela-intern-2De inmediato fue calorizada la idea por otros pueblos necesitados y al cabo de una década el gesto solidario acoge a más de 18 000 extranjeros, de 37 naciones de África, Asia y Latinoamérica, cuyos hijos egresaban luego como técnicos y universitarios en diversas especialidades reclamadas por los procesos emancipatorios emprendidos por sus pueblos tras siglos de brutal coloniaje y pobreza.

“…Veo en estas escuelas de la Isla de la Juventud un símbolo de los tiempos nuevos”, significó Fidel en octubre de 1985 en una de sus visitas al territorio, y subrayó a los namibios de la Hendrick Witbooi su convencimiento de que “el internacionalismo es en las dos direcciones, de Cuba hacia el África y del África hacia Cuba, y por encima de cualquier otra consideración somos hermanos…”.

Ese propio año, con la visita a Cuba del Presidente de Zimbabwe Robert Mugabe, ocurrió un cambio cualitativo en el diseño del plan de las escuelas internacionalistas al firmar un convenio de colaboración para formar licenciados en Educación en las especialidades de Matemática, Física, Química, Biología y Geografía, que también incluían un currículum de asignaturas de humanidades.

Estos y demás programas de estudio para miles de estudiantes extranjeros tenían otras ventajas. En lugar de cursar Geografía o Historia cubanas, cubrían las necesidades de perfeccionamiento de la lengua oficial de esos países, junto con su geografía e historia, a cargo de sus profesores, en muestra de respeto a su identidad.

No resulta extraño encontrar hoy en muchos países africanos, además de realizaciones fruto del personal calificado en la ínsula, a dirigentes políticos, ministros, empresarios y otras figuras de importancia nacional e internacional, egresados de la nación caribeña, como el tanzano Salim Ahmed Salim, quien ocupó el cargo de Secretario General de la Organización para la Unidad Africana (OUA), o la que fuera embajadora de Namibia en Cuba, Claudia Grace Uushona.

Ella llegó con 16 años, herida y con el horror aún en el rostro por la matanza de que había sido testigo en Cassinga, al sur de Angola, por los racistas del imperio, y cursó aquí la secundaria y el preuniversitario. Luego de expresar lo feliz que la hacía estar de nuevo en lo que calificó “mi segundo país durante los tiempos más difíciles” y especialmente en la segunda ínsula cubana, también conocida desde entonces como de la Solidaridad, agradeció los varios programas de colaboración que en las áreas de salud, educación y deporte, entre otras, acordaron Cuba y Namibia cuando establecieron relaciones diplomáticas en 1990, al proclamarse la independencia.

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Con esa siembra multiplicada en todo el orbe, la Isla de la Juventud mantiene encendido el símbolo de solidaridad en los africanos, caribeños, asiáticos y alumnos de otras regiones, que en los últimos años continuaron preparándose en la Universidad Pedagógica aquí y en los saharauíes de la escuela Amistad Cuba-RASD, como parte de una obra que se sobrepuso a la adversidad del período especial, amplía en otras modalidades, prosigue en naciones hermanas y brilla con luz propia y futuro en la incertidumbre mundial.

 

 

 

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