Si sumas humo, matas vida

Entre las principales causas de muerte en Cuba y el mundo se ubican el cáncer -en sus diferentes localizaciones– y las enfermedades cardiovasculares, pero el dato realmente curioso es que ambas comparten un factor común: el tabaquismo.

La dependencia física y sicológica que la nicotina del tabaco provoca en las personas afecta no solo su salud, sino también, en muchos casos, el entorno social en el que los individuos se relacionan.

Y es que no solo quien decide fumar por voluntad propia está sometido al constante riesgo de este producto, sino todo aquel que de forma pasiva se encuentre expuesto a él.

El periódico Juventud Rebelde hacía alusión hace unos días a datos ofrecidos por la jefa del Programa Nacional de Tabaquismo, doctora Elba Lorenzo, en los que constaba que más de la mitad de las familias cubanas está expuesta al humo ambiental del tabaco: 55 por ciento de los niños, 51 de las embarazadas y 60 de los adolescentes, convirtiéndonos en una de las naciones de mayor prevalencia de tabaquismo pasivo en el hogar.

La compleja realidad es que estas estadísticas no tienen muy a la vista una posible solución, pues cada vez son más las personas que se suman al gran número de fumadores, sobre todo en edades tempranas por las simples razones de ver en esta conducta un acercamiento a la madurez o la copia de patrones culturales establecidos por los medios.

Pero, además, en nuestro país el tema pasa por otras connotaciones ya que, por mucho que se trabaja en campañas mediáticas y de promoción de salud con las instituciones sanitarias para concientizar sobre los daños de que puede provocar el tabaquismo, lo cierto es que somos una nación donde su cultivo constituye una parte muy importante en el desarrollo económico.

Entonces resulta para muchos una paradoja que el 29 de mayo se celebre aquí el Día del Trabajador Tabacalero y el 31 todo el mundo una sus voces por el Día Mundial sin Tabaco.

Sobre todo en este 2017 cuando el tema de la campaña lanzada por la Organización Mundial de la Salud es: “El tabaco, una amenaza para el desarrollo”.

Con planes trazados para alcanzar en 2030 una sociedad equitativa, que abogue por un desarrollo sostenible en todos los aspectos, nos toca hacer conciencia de que una sociedad libre de humo es posible y más aún, necesaria para garantizar la vida.

Opinion Salud
Yenisé Pérez Ramírez
Yenisé Pérez Ramírez

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana

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