Sí, negra

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Por Karelia Álvarez Rosell

¡Hola!, ¿Cómo les va? En ocasiones uno escucha cada frase, piropo o halago que dejan mucho que desear, sobre todos aquellos relacionados con el color de la piel; llegan hasta ofender.

 

En ocasiones uno escucha cada frase, piropo o halago que dejan mucho que desear, sobre todos aquellos relacionados con el color de la piel y llegan hasta ofender

karelia-alvarez-rosell¡Hola!, ¿Cómo les va? En ocasiones uno escucha cada frase, piropo o halago que dejan mucho que desear, sobre todos aquellos relacionados con el color de la piel; llegan hasta ofender.

Si estamos en una cola oímos: “Voy detrás de la compañera de color”. Por su parte en la escuela una pequeña le aclara al maestro que “mi papá no es negro sino mulatico; mientras un joven pretende “alabar” a su amiga diciéndole: “Tú lo serás por fuera pero por dentro eres blanca”.

Amigas y amigos, con cuánta sutileza se enmascara el racismo en nuestro país. Al abordar este tema recuerdo el día en que una de mis nenas, cuando cursaba la primaria, regresó cabizbaja y con los ojos marchitos a la casa porque su color de piel había constituido una limitante para ser la más destacada del aula.

¿Cómo borrar en una niña de seis años una huella negativa como esa? Nos sentamos en el sofá de la casa y conversamos al respecto durante un buen tiempo. Al día siguiente logré que fuera erguida para la escuela porque le dije que su mamá estaba muy orgullosa de ser negra.

El tema de la discriminación racial no es un asunto exclusivo de Cuba, máxime si tenemos en cuenta que en América Latina y el Caribe viven unos 200 millones de afrodescendientes, un tercio de la población de la región.

Aunque la Revolución eliminó institucional y jurídicamente la desigualdad, en lo referido a las razas estas perviven de alguna manera, se materializan en las relaciones sociales concretas.

Tales manifestaciones de prejuicios vienen desde patrones raciales que permanecen estáticos a nivel familiar hasta en la forma de valorarse a sí mismo, el modo en que evalúan los grupos étnicos, las posibilidades de acceso a determinados empleos, las condiciones habitacionales y los ingresos personales, entre otros.

Como bien asegura la doctora Graziella Pogolotti, prestigiosa  ensayista y destacada intelectual cubana, las generaciones son hijas de su tiempo, y aunque hoy son menos los prejuicios todavía existen quienes se desenvuelven en un medio con ideas atrincheradas o arcaicas.

De ahí que en la familia, la escuela, el barrio, el universo sonoro y visual queda mucho por hacer; por ello la batalla contra cualquier manifestación de discriminación o racismo debe librarse en el conjunto de la sociedad.

La racialidad requiere de un proyecto específico que borre el dolor ancestral sufrido, atienda reclamos postergados de sus dificultades para la igualdad, programe acciones reales y efectivas basadas en nuestra historia y se propicie una educación integradora.

Amigos, considero que no se trata de establecer leyes ni resoluciones sino de fomentar estrategias educativas y de comunicación social mucho más efectivas porque solo así Cuba podrá lograr los cambios culturales desde un paradigma de emancipación y justicia plena.

Chao, los quiero

 

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