Show macabro

Foto: Internet

Ya el capitalismo y su emperador no tienen qué inventar y menos qué ofrecer en sus lujos, opulencia y cofradías palaciegas, a no ser sus macabras prácticas y absurdas estrategias.

En la West Wing, la parte occidental de la mansión que aloja las oficinas del presidente “electo” en Estados Unidos y sus colaboradores más cercanos, reina un caos jamás imaginado, una ola de renuncias indetenibles, una carrera incontrolable tras el dinero más que para hacer política y un extraño maridaje entre la torpeza y lo pérfido.

Por eso algunos afirman que la Casa Blanca es cada vez más parecida a un reality show, de patas arriba, donde se dan los más tenebrosos pasos y generan ideas, para no tildarlas de trumpadas, tan maquiavélicas como terroríficas.

No es casual que las decisiones macabras las adopte Donald rodeado de la fauna más recalcitrante de sus amigos de la comunidad cubana en Miami, como cuando anunció en junio pasado las medidas para fortalecer el bloqueo y hacer más difíciles los viajes entre Cuba y la superpotencia, como si esta última fuera la amenazada.

Con pretextos carentes de pruebas, el emperador ordenó reducir en septiembre último el personal de su embajada en La Habana, paralizar la entrega de visado y exigir la salida de 17 diplomáticos cubanos en Washington.

Y como si esas acciones no bastaran para el escarmiento a la irreverencia de los cubanos de seguir su propio camino socialista y profundizarlo, también anunció el regreso a políticas fracasadas al poner en marcha más recientemente, al menos por lo dicho públicamente, una Fuerza Operativa en Internet contra Cuba, que recuerda losdesprestigiados e inútiles proyectos subversivos como ZunZuneo y las becas WorldLearning destinadas a jóvenes y financiadas con un presupuesto público de EE.UU. de cerca de 30 millones de dólares.

Más allá de los trastornos mentales cuestionados a Trump, lo cierto es que su pensamiento de conservador y de extrema derecha lo acerca a supremacistas blancos, a la violencia racista y alienta a lo que denominan “grupos de odio” en ese país del “último modelo” y “paradigma de democracia”, aunque gobierne la dictadura de un loco, que para muchos no está apto para el cargo.

Y no son pocos quienes en el mundo lo califican de más criminal que los terroristas a los que dice combatir, mientras su gobierno sigue maniobrando para crear desórdenes internos en países democráticos, organizar operaciones encubiertas de la CIA contra Cuba y otros pueblos, y acudir a personajes foráneos y expresidentes títeres, evidente enla provocación anticubana orquestada vísperas de las elecciones y frustrada de inmediato.

Como señala la declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba: “Dicha acción se inscribe en la ofensiva imperialista contra los pueblos de América Latina y el Caribe, en la que el gobierno de Estados Unidos ha declarado la relevancia y vigencia de la ‘Doctrina Monroe’ y ha provocado un retroceso en las relaciones bilaterales con Cuba”.

Pero frente al oscuro Reality show de la Casa Blanca y sus provocaciones, está siempre la firme respuesta de los cubanos que se preparan para el voto consciente y unido por su dignidad sin jamás confiar en el imperio.

Opinion
Diego Rodríguez Molina
Diego Rodríguez Molina

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana. Tiene más de 40 años en la profesión

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