¿Ser más pineros? (Parte I)

Para ser más pineros y afianzar raíces de pertenencia es preciso comprender las dificultades y los conflictos culturales en la formación de dicha identidad. Es necesario adentrarnos en asuntos de naturaleza sociocultural. No pocos historiadores, con diversos matices, han abordado la complejidad pinera.

La Isla se convierte en un desafío para los gobiernos de todos los tiempos: Está separada del resto del territorio nacional por el mar. No dispone de grandes recursos naturales. La geografía tiene un impacto en la historia. Las aguas profundas se concentran en el sur sin muchas posibilidades de un puerto seguro.

Las aguas del norte no permiten asegurar un puerto de aguas profundas, sin embargo, es en ese punto y a través de un río donde queda el lugar escogido por España para fundar Nueva Gerona.

En el orden militar, la cercanía al resto de las costas de Cuba y el estar situado cerca del canal de Panamá y Suramérica, convierten a la Isla en centro de disputa geoestratégica por la cual se enfrentan varios imperios, incluyendo Estados Unidos en tiempo de la neocolonia.

Ante esta realidad, a lo largo de la breve historia local se buscaron algunas soluciones: Colonia miliar y penal (España); Presidio Modelo (Gobierno de Gerardo Machado); Zona Franca (Gobierno de Fulgencio Batista); Plan de los Once Puntos (Triunfo de la Revolución 1959); Desarrollo citrícola y escuelas en el campo (1970-1989); Plan de Desarrollo Integral hasta el 2030.

Todas han pretendido dar solución al reto que significa la Isla en el orden geográfico, social y militar. La Colonia Penal desde 1834, intentaba aislar a los cubanos que eran adversarios políticos de España. Tal acontecimiento no impidió el amor a la independencia y estimuló en un grupo de pineros el amor a la Patria y la capacidad de dar su vida en su defensa, como lo probaría el alzamiento del 26 de julio de 1896 contra el poderío colonialista.

El Gobierno de Machado −llegado al poder con la consigna de “agua, caminos y escuelas” − a la Isla le dejó una escuela y un presidio. Más allá de los horrores de aquel antro de destrucción de seres humanos, y los propios temores entre los nativos, para los pineros era fuente de empleo y estímulo a infraestructuras, transportación, fenómenos que de alguna manera impactaban en sus propias vidas. Las lecturas de este asunto no han de ser lineales sino contextualizadas en un entramado de tejidos y relaciones sociales complejas que sitúan el territorio ante una situación de dependencia a una solución que llegaba desde afuera.

La Zona Franca, en tiempos de Batista, acentuaba también la dependencia a los monopolios yanquis y a elementos de la mafia ligada al dictador; pero ante el ciudadano común se le presentaba una magnífica oportunidad de mejorar económicamente, comprar buenos perfumes o un carro más barato.

En las revistas de la época puede leerse una consigna en una manifestación popular: “Cuba ha tenido varios presidentes, Isla de Pinos solo uno, Batista”. Ello no significa que los pineros fueran batistianos, sino que consideraron benéfica su influencia o “preocupación” por la Isla. (Se sabe que Batista tenía aquí intereses económicos para elevar su peculio personal).

Al triunfar la Revolución en 1959 es eliminada la Zona Franca, motivando la incomprensión de no pocos pineros. En su lugar se establece la política de los Once Puntos planteados por Fidel para la rehabilitación económica y social de un territorio que se distanciaba de los intereses nacionales. Se concibió una transformación que estimulara la producción ganadera, el turismo, infraestructuras, construcciones, el transporte y el bajo costo de los pasajes para entrar y salir de la Isla, entre otros asuntos.

(*) Profesor de la Universidad y colaborador

Historia Isla de la Juventud

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