Sembrar esperanza

Tomado de internet

Por estos días mis rutinas han tenido un giro involuntario debido a la COVID-19, aferrada a los países del orbe por la propagación inusitada del nuevo coronavirus.

Laborar a tiempo completo desde casa, como muchos trabajadores pineros o del país que apuestan por dicha modalidad, posee sus ventajas: acompaño a mis príncipes mientras visualizan las teleclases, les explico…, es como retomar la vocación de maestra, esa que nunca olvidaré.

Compartir un juego de fútbol de apenas cuatro jugadores en un terreno que hoy abarca el reducido espacio del comedor –en otro momento verlos a toda carrera dentro de la vivienda conllevaría a sacar tarjeta roja con expulsión inmediata–, inventar recetas de cocina, intercambiar chistes, dibujarnos unos a otros, ver películas… resultan tan reconfortantes como disfrutar a plenitud la lectura de un libro hace tiempo abandonado.

Dar la espalda a cuanto acontece respecto a la pandemia que azota al mundo está prohibido. El Sars-Cov-2 amenaza con mantener sus estragos e impone condiciones de aislamiento difíciles  ─a las cuales no estamos acostumbrados los cubanos─, pero resultan necesarias. Sin embargo, mientras se encuentra la vacuna que lo elimine por completo existe algo muy importante que desde el distanciamiento social podemos hacer: sembrar esperanza.

Y al magnífico poema de José Ángel Buesa, Sembrar, recurro y me siento por él convidada a alzar la mano, o mejor, alejarla ─momentáneamente─ de las personas que amo; es una alternativa para salir adelante y preservar la vida por mí, por nosotros y los demás.

En condiciones de crisis como la que vivimos es preferible demostrar el apego al prójimo en los aplausos que cada noche rompen el silencio en acto de apoyo incondicional y agradecimiento a esos cuyos desvelos salvan hoy lo más preciado del ser humano. Aquí se incluyen todos los héroes y rostros anónimos que ponen el mayor empeño en pos de garantizar el salir airosos de la batalla contra un enemigo poderoso e invisible como el nuevo coronavirus.

Por eso, con optimismo y desde tu trinchera, ‟yérguete ante la vida con la fe de tu siembra; siembra el amor (…), y sonríe al pasar…”, así exhortaba Buesa, el poeta.

‟Hay que sembrar un árbol, una ansia, un sueño (…)”, aunque sea en el confinamiento en el hogar. Conservemos los besos, abrazos, la esperanza, para cuando los podamos cosechar. ¿Saben la razón?, sencilla: ‟Porque la vida es eso: ¡Sembrar…!”

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