Segura experiencia en La Cascada

Yosvani apuesta por la agricultura sostenible. Foto: Wiltse Javier Peña Hijuelos

La esencia de la agricultura sostenible radica en un principio rector: cada uno debe encaminar su labor al mejor uso de los recursos más cercanos en su entorno, aquellos que le permitan fabricar los insumos necesarios para hacer producir la tierra, sin empobrecerla.

Y en tal sentido, el organopónico La Cascada, en La Fe, lidereado por el ingeniero Yosvani Hernández Columbié, aporta una experiencia relevante en su producción de hortalizas y vegetales con la aplicación de los microrganismos eficientes.

Esta es una novedosa tecnología basada en un preparado con bacterias, hongos y otras sustancias, capaz de actuar como inoculante microbiano, repelente de insectos, restablecedor del equilibrio microbiológico del suelo, y permita incrementar los cultivos y su protección.

“Cuando los recibíamos de proveedores nacionales, el litro costaba a unos seis pesos; pero ahora producirlo aquí sale a 70 centavos”.

Antes resultaba incosteable para cualquier agricultor y encarecía la producción. Por eso este colectivo creó las condiciones, la capacidad necesaria, y ya está en posibilidades de producir hasta 6 000 litros de una vez. Los resultados de su aplicación están a la vista:

“Bajan muy significativamente los niveles de plagas y enfermedades
–argumenta Hernández Columbié– y hay lugares como Villa Clara, con resultados excelentes sobre el control de nemátodos y hongos del suelo, superiores inclusive al alcanzado con productos químicos”.

Y al hablar de nemátodos se refiere a los fitopatógenos que causan daños irreversibles a las raíces de las plantas, y dificultan la absorción de agua y nutrientes; daños capaces de llevar a cero los rendimientos de la mejor plantación.

Los microrganismos eficientes se aplican entre 18 y 20 litros por hectárea, con una aplicación semanal y por el tiempo que requiera el cultivo hasta su cosecha. Ayudan a mineralizar la materia orgánica que se descompone mucho más rápido y hacen que los nutrientes sean más accesibles a las plantas.

“Ahora no llegan hasta nosotros los insumos químicos y los orgánicos están muy limitados por dificultades en su acarreo, distantes a muchos kilómetros. Difícil también la aplicación de biofertilizantes; por estos factores se impone –concluye Yosvani– recurrir a alternativas locales y desarrollar una agricultura sostenible, la única segura para enfrentar la demanda de alimentos poscoronavirus”.

Lo es en mayor medida porque depende de nosotros, no de los fertilizantes y otros agentes químicos importados, más restringidos por el bloqueo estadounidense y la drástica reducción del comercio mundial, sobre todo de alimentos.

Isla de la Juventud

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