Satisfacción tras la angustia

Llegué al edificio donde vive sin otra intención que saber de su salud. El joven que me guió durante el recorrido en la zona en cuarentena de La Fe me llevó hasta el lugar. Minutos después unos ojos contentos me hablaban de satisfacción y alegría por haber sobrevivido a la COVID-19. Roberto Góngora Ramírez, estaba feliz de verme. Quizá, con tanto aislamiento, ver un rostro desconocido preguntando por su salud debió ser reconfortante.

Paciente recuperado Covid-19. Foto: Marianela Bretau Cabrera

–¿Se siente bien?, le pregunté de inmediato, sin identificarme, aunque desde el balcón de su apartamento en el tercer piso él supo por mi acompañante que era periodista.

Sí, sí, sí –asienta con su cabeza una y otra vez–, desde el día diez de mayo que me dieron el alta no he tenido ningún síntoma ni nada. Un poco flaco –se mira–, pero me he recuperado bastante…

¿Cómo fueron esos días en el hospital?

Fueron difíciles, no por la falta de atención, sino que el medicamento era fuerte y eso trajo consigo que nos afectara físicamente: vómitos, diarreas, asco, y no nos dejaba alimentarnos bien, aunque la alimentación era normal, pero era la medicina que actuaba sobre el virus… Si otros resistieron ¿por qué no íbamos a aguantar nosotros allí?

¿Cuántos días estuvo hospitalizado?

Un mes completo.

Y la atención médica ¿cómo fue?

Magnífica –expresa de manera categórica con su voz y el gesto de las manos–. Ahí los médicos estaban también bajo la misma presión que los pacientes, ellos comían igual que nosotros, además, enfrentando el riesgo de contagiarse con el virus.

Siempre hubo una atención maravillosa de los médicos y una hermandad tremenda entre los pacientes, todos con ese deseo de salir de allí…, pero fue difícil, expresa mientras sus pequeños ojos, encima del nasobuco verde, brillan al recordar las ganas de salvarse.

¿Sus primeros pensamientos al ser ingresado?

¡Oh!, fueron de preocupación y angustia –exclama– …Yo soy el asesor jurídico del Tribunal Especial Popular y habíamos tenido reuniones el lunes, martes y no me sentía nada;  cuando me recogieron el martes aquí, en lo primero que pensé fue en eso, porque me dijeron que era contacto de una persona en Abel Santamaría.

Pensé en mis compañeros de trabajo, en la gente aquí del CDR, aunque en esos días no tuve mucho roce con nadie en el barrio, pero solo de poner las manos ahí en el pasamanos de la escalera…
–reflexiona–, pensé en que habría de recogerlos a todos y me decía: ojalá no haya embarcado a nadie. Por suerte nadie salió positivo entre más de 120 personas.

Fue una gran alegría saber –la voz le tiembla– que ninguno estaba enfermo, dice emocionado este hombre de 60 años.

¿Cómo se sintió el regreso a casa?

Abre los ojos y el brillo los inunda otra vez.

Eso fue… (se le entrecortan las palabras, apenas puede hablar por el sentimiento que lo embarga, y segundos después prosigue) todos los compañeros estaban aquí, gritando alegres que no me iba a faltar nada… pues yo vine pega´o, pega´o, pega´o (dice mientras señala su abdomen cubierto por un pulóver rojo), bajé 30 libras porque no podía comer, sentía un asco grande. Gracias que los médicos y las enfermeras nos daban un poco de leche a tomar para mejorar, porque eran muchos medicamentos. Un día sí y otro no, era el interferón que es fuerte, pero había gente con más años que yo y aguantaron, así que tenía que aguantar, ser fuerte y comer un poquito.

Lo otro malo fue que me hicieron cuatro pruebas de PCR en tiempo real, la primera salió negativa, la segunda y la tercera positivas, entonces extendieron más días para la cuarta, donde debía arrojar que el virus ya estaba fuera del organismo.

¿Es molesta esa prueba?

No, no. Bueno, yo era donante voluntario de sangre, acostumbrado a que me sacaran sangre. El molesto es el examen de la nariz y la garganta que uno rechaza, pero si uno aguanta tranquilito es rápido.

Hace una pausa y agrega: Yo pienso que la medicina cubana ha sido la más eficiente en el tratamiento de esta enfermedad. Roberto está emocionado, sus ojos humedecidos evitan mi mirada.

¿Se siente usted dichoso de haberse recuperado, verdad?

Sí, sí…, exclama rápidamente.

Cuando vamos a ver las cifras, que Cuba tenga en estos momentos 79 muertes (martes 19 de mayo), comparado con los más de 1 000 y pico de contagios en el país, más los del mundo, es una proeza del pueblo cubano, con todo lo que tenemos y las acciones del imperio y el bloqueo tan grande que padecemos, sin muchas oportunidades de buscar…

La dirección del país se la ha visto difícil para poder alimentar al pueblo y a todos los grupos que están en distintos lugares de aislamiento, pero ¿en qué lugar del mundo se puede concentrar la fuerza en función del beneficio colectivo? En base a eso debemos seguir cooperando y con las propias experiencias ayudar a los demás, hay que cuidarse porque el virus no tiene nombre y muchas veces no se siente nada.

¿Y cuando el último PCR dio negativo…?

Ay, muchacha, eso fue un alegrón tremendo, tremendo de verdad, ahora ya estamos a salvo, hay que seguir luchando aquí, estar tranquilitos porque nosotros no podemos salir a nada, independientemente que ya nos dieron el alta médica, todavía nos falta el alta epidemiológica; el PCR deben repetírmelo en unos días, entonces ahí ya…

Y su rostro se torna alegre, cargado de ganas de vivir y salir a caminar sin preocupación mientras observa las calles, los árboles, el bullicio habitual de una sociedad en movimiento y sin cuarentena.

La enfermera y el médico a cargo de esta zona aislada en el Panel II Ángel Alberto Galañena vigilan a diario su evolución: Ellos vienen todos los días, me llaman, me preguntan ¿cómo estás, qué te sientes, necesitas algo?… y todo ha ido transitando de forma perfecta. Los compañeros del grupo de aseguramiento están atendiendo muy bien, en eso yo creo que los cubanos somos supersolidarios.

Satisfacción, es lo que siento, por todos los que han cooperado, la actitud del pueblo, el trabajo que desempeñan las organizaciones en función del pronto restablecimiento de… (pausa), ojalá y para junio se pueda paulatinamente… volver a la normalidad.

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