Río+ 20 clama por un actuar responsable

gloria-opinion Por Gloria Morales Campanioni

Veinte años han transcurrido desde que en Río de Janeiro se desarrolló la primera reunión de la ONU sobre medio ambiente, conocida como Cumbre de la Tierra, donde sus participantes identificaron y proyectaron acciones para buscarle solución a los problemas ambientales globales en aras de proteger los recursos naturales de los diferentes ecosistemas.

gloria-opinionPor Gloria Morales Campanioni

Veinte años han transcurrido desde que en Río de Janeiro se desarrolló la primera reunión de la ONU sobre medio ambiente, conocida como Cumbre de la Tierra, donde sus participantes identificaron y proyectaron acciones para buscarle solución a los problemas ambientales globales en aras de proteger los recursos naturales de los diferentes ecosistemas.

No hay duda que dicho encuentro provocó valorar mejor estas dificultades con un nuevo enfoque, integrado a las esferas económica y social, teniendo en cuenta la deuda ecológica del mundo y la persistencia de un círculo vicioso entre pobreza y deterioro ambiental.

A unos días de efectuarse en Brasil la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, Río + 20, prevista para los días 20 y 22 próximos, urge reflexionar en si los países desarrollados han cumplido con lo acordado en esa reunión de 1992.

Cada día son más palpables las necesidades ambientales y sociales del planeta, hablo de la desertificación, originada por la acción combinada de procesos degradantes del suelo, que provoca por año la pérdida de ingresos valorados en 42 000 millones de dólares.

También está la erosión del suelo, la cual amenaza el sustento de millones de personas y si continúa al ritmo actual, puede afectar, todavía más, las cosechas en África.

Igual resulta preocupante el tema de la contaminación ambiental producto de la disposición final de los desechos de la actividad industrial, agrícola, urbana y comercial, serio problema y una de las principales causas del deterioro de la calidad del aire y las aguas.

Alarma, además, la situación de la diversidad de las especies vivientes, amenazada en lo fundamental por el actuar irresponsable del ser humano, quien no ha meditado en que cada 24 horas se extinguen entre 150 y 200 especies por la tala, la quema de bosques en gran escala, la pérdida y la fragmentación del hábitat natural.

Del mismo modo debe ser motivo de reflexionar la contaminación ambiental, la caza furtiva, la sobreexplotación pesquera, la destrucción de ecosistemas como los arrecifes coralinos, los bancos de algas, pastos marines y manglares, el comercio ilegal de especies, el uso irrestricto de pesticidas y otros productos químicos, la conversión de terrenos silvestres para usos agrícolas y urbanos y el deterioro de los suelos.

A tan solo unas horas de descorrerse las cortinas de Río+ 20 sería bueno meditar al respecto; los representantes de los 130 países que ya confirmaron su presencia, así como los de otras 60 naciones de los 193 estados miembros de la ONU, deben preguntarse hasta dónde han cumplido con el compromiso social adquirido en la Cumbre de la Tierra.

Cuba, por supuesto, alzará su voz en la cita para exponer sus resultados en materia ambiental y ratificará la voluntad política del Gobierno de continuar poniendo en práctica estrategias de desarrollo sostenible.

 

 

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