“Revoltosos” en la ínsula penal

Cada semana tenía que reportarse a las autoridades los deportados, quienes tenían a la ciudad por cárcel. Foto: Archivo

Desde antes de la Guerra de los Diez Años, encabezada por Carlos Manuel de Céspedes, llegan a la segunda ínsula cubana las ideas revolucionarias.

El primer hecho conocido está asociado a las luchas libertarias de los latinoamericanos y lo protagonizó el Alférez de Dragones, Gaspar Antonio Rodríguez, quien en 1824 tomó el poblado de Santa Fe, el más importante entonces, y dio a conocer sus ideas constitucionalistas desafiando a la monarquía retrógrada.

Cuando en 1834 Isla de Pinos se convirtió oficialmente en Colonia Penal, en otro intento por acallar la rebeldía, lejos de lograr ese objetivo posibilitó la presencia y unión de otros hombres con nuevas ideas, su contacto con los asentados y la influencia en la formación revolucionaria.

Entre esos “revoltosos” estuvo el catalán Antonio Ribot Fontsere, deportado desde la península por sus ideas socialistas, fue enviado a Isla de Pinos en 1838, acompañado por otros cinco coterráneos de sus mismas inquietudes, y devenido primer cantor del territorio, al escribirle en versos.

Tres años antes del alzamiento de 1868, es confinado en la ínsula a unos cien kilómetros al sur de La Habana, un grupo de jóvenes participantes en un levantamiento en Las Tunas, entre quienes estaba Francisco Grave de Peralta, quien aquí constituyó familia y se asentó definitivamente.

CRECEN LOS DEPORTADOS

Pero es con el estallido independentista de La Demajagua, conocido así por tener lugar en el ingenio azucarero propiedad de Céspedes, que aumenta de forma alarmante el arribo de deportados políticos. Apenas dos años después, en 1870, sumaban casi 300, entre quienes estuvo José Martí, con 17 años, y devenido pocos después genial líder independentista, latinoamericano, antimperialista y universal.

Cada mes llegaban por brigadas los deportados a un territorio del que solo podían salir cuando terminaban de cumplir su sanción, aunque muchos aparecían condenados hasta el fin de la guerra y otros en forma indefinida.

En calidad de deportadas se confirman más de 30 mujeres, demostrativo de su destacado concurso en la lucha, que igualmente elevó la presencia de los revolucionarios confinados respecto a los habitantes.

Así, con las singularidades de la ínsula y enfrentamientos armados, algunos no muy conocidos, el territorio formó parte activa de esa heroica gesta, consolidó su cubanía, a pesar del afán de la metrópoli por relegarla al olvido y la prisión.

Deportados y nativos mantuvieron afanoso vínculo con la Revolución, que luego del fracaso de la contienda tras una década de cruenta lucha apagada por el regionalismo, las indisciplinas y otras limitaciones de la clase terrateniente que empezó comandándola, continuó en 1895 radicalizada, con nueva dirección, avanzadas ideas y otra organización.

El 13 de junio de 1895 de una sola vez llegaron 150 revolucionarios que habían participado en un levantamiento insurreccional en la provincia de La Habana y ya para finales del año sumaban 300.

Por eso los “revoltosos” locales y de otras partes, esperaron 1896 con marcado ardor patriótico y se organizaban para levantarse contra la corona, proclamar la independencia e incorporarse a las tropas mambisas.

SECUESTRO EN JUCARO

Como resultados de esa superior etapa se registran acciones de mayor envergadura, como la protagonizada por un grupo de jóvenes el 11 de enero de 1896, quienes secuestraron una embarcación –el balandro Margarita– atracada en el muelle del río Júcaro, para dirigirse a las costas de Pinar del Río y unirse a la columna invasora comandada por Antonio Maceo, que combatía en el ingenio Gerardo, de Bahía Honda.

Tras múltiples tropiezos, la persecución española desde Nueva Gerona, vencer unos 20 km y pasar por el poblado de Santa Fe, desde donde llegaron al embarcadero de Júcaro, en la costa Este, los muchachos, algunos sin cumplir aún los 20 años, empuñaron la sorpresa, pues no disponían de armas de fuego, solamente contaban con una tijera dividida en dos partes, una navaja de barbero y un cortaplumas.

Mas, nada de aventura tenía aquella audaz acción de la que exclamó Maceo al conocer del hecho: “La expedición más arriesgada que ha desembarcado, sólo pueden realizarla niños o locos y los pueblos que tienen esos niños deben ser libres”.

El primero en caer fue Ángel Abascal, en la misma tierra vueltabajera que lo vio nacer, combatiendo al enemigo en la prefectura de Guillén, en San Juan y Martínez. Adolfo Vega y Valdivia perdió la vida después al regresar de Mantua, el 1º de febrero, en una carga al machete en Paso Real. En Matanzas, en el combate de Río de Auras, al lado de Maceo, murió Juan Miranda y Pérez el 8 de mayo del propio año 96.

Y en el último combate que realizaba el Titán en Pinar del Río el 3 de diciembre, en el lugar conocido por La Gobernadora, cayó Pedro Buides Orihuela, con similar valentía que los demás. Así, cuatro de los nueve expedicionarios derramaron su sangre combatiendo al lado de Maceo y uno de los sobrevivientes, Plácido Hernández, alcanzó los grados de Comandante del Ejército Libertador.

LEVANTAMIENTO UN DÍA DE FIESTAS

Otros cubanos aquí fraguaron un plan para secuestrar y deponer al Gobernador Militar José Bérriz, ocupar el Cuartel de Caballería, tomar las armas, distribuirlas entre los complotados y capturar la cañonera del muelle para dirigirse al insurrecto Pinar del Río. Escogieron el 26 de julio por celebrarse el Día de Santa Ana y la festividad hasta altas horas facilitaría el movimiento sin levantar sospechas.

Eje principal del levantamiento fue la joven camagüeyana Evangelina Cossío, quien no pasaba de los 20 años y acompañaba al padre durante su deportación por conspirar contra España.

Ella simuló aceptar las galanterías del oficial y lo citó para su cuarto. Cuando llegó, a una señal previamente concertada, se desatan las acciones. Apenas el coronel Bérriz abrió la puerta de la habitación, se encontró con las pistolas y hombres de Emilio Vargas, quien le ordenó firmar la rendición, pero los gritos del acobardado jefe español alertaron a sus soldados afuera, quienes desataron tan intenso tiroteo que obligó a los patriotas a retirarse, a falta de una correcta dirección, por lo que Vargas resultó herido y fusilado luego de capturado.

El pinero Bruno Hernández Blanco, quien comandaba la caballería insurrecta de refuerzo desde Santa Fe, fue sorprendido al entrar en Nueva Gerona con cerrada descarga de fusilería y cae mortalmente herido.

Otros complotados pudieron refugiarse en fincas cercanas con ayuda de la población, pero la mayoría fue apresado y algunos asesinados como el poeta repentista Juan Iturriaga, que luego de hecho prisionero en un mangal, fue asesinado y mal enterrado, al igual que los hermanos Pimienta en Tierra Hundida.

Incontables son los héroes que en este lugar de la Patria combatieron por la independencia y abonaron el camino de una Revolución que a 150 años de iniciada continúa poniendo en manos de sus jóvenes el futuro.

Desde este puerto de Júcaro partieron los jóvenes en enero de 1896 para unirse a la tropa de Maceo. Foto: Archivo
Entre los objetivos de los sublevados el 26 de julio de 1896 esta la toma de este cuartel de caballería, símbolo del colonialismo. Foto: Archivo

 

 

Participantes en las acciones del 26 de julio de 1896 

  1. Emilio Vargas
  2. Juan Iturriaga
  3. Bruno Hernández Blanco
  4. Hermano Pimienta
  5. Hermano Pimienta
  6. Hermano Pimienta
  7. Miguel María Blanco Pantoja
  8. Manuel Narciso Hernández Llorca
  9. Hilario Pantoja Soto
  10. Cecilio Soto Pantoja
  11. Pastor Pantoja Nuviola
  12. Juan F. Pantoja González
  13. Ángel Soto Pantoja
  14. Tabio Soto Hernández
  15. Serafín Fernández
  16. Enrique Mateo
  17. Manuel María Soto Pantoja
  18. Cornelio Soto Pantoja
  19. Generoso Soto Pantoja
  20. Enrique Soto Pantoja
  21. Eustaquio Soto Pantoja
  22. Pablo Llorca García
  23. Higinio Llorca García
  24. Domingo Soto Prado
  25. Jacinto Soto Prado
  26. Patrocinio González Soto
  27. Pánfilo Hernández Llorca
  28. Evangelina Cossío Cisneros
  29. Abelardo Pantoja Flores
  30. Rosendo Betancourt
  31. Pedro Pantoja Flores
  32. Manuel Rodríguez Cajides

 

El Pinero Otras de la Isla de la Juventud
Diego Rodríguez Molina
Diego Rodríguez Molina

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana. Tiene más de 40 años en la profesión

Colaboradores:

One Reply to ““Revoltosos” en la ínsula penal

  1. que bien publicar los nombres de los participantes en el levantamiento de Nueva Gerona, así puede seguirse profundizando en esos héroes, no solo en archivos sino también con la ayuda de los familiares. El artículo además está bien argumentado, al igual que los otros trabajos, que aportan datos muy interesantes. Todos aportan cosas muy interesantes, hasta las fotos. gracias. Jay

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