Reveladoras anécdotas en el aislamiento

Más de 70 días transcurrieron desde el 30 de marzo, en que el Instituto Preuniversitario de Ciencias Exactas (IPVCE) América Labadí Arce se despojó temporalmente del bullicio de sus jóvenes para pasar a centro de aislamiento de sospechosos a la COVID-19.

Cuando al fin el escenario favorable en el enfrentamiento a la pandemia permite dar cierre al centro, muchas anécdotas quedan en la memoria de trabajadores, ingresados y en la historia pinera.

 

Orlando Durán, quien estuvo a cargo de la organización de la institución, resumió sus vivencias con la palabra compromiso. Según cuenta, al inicio no tenían casi personal, pero con los pocos que había se cumplieron las exigencias que el contexto requería.

“A los trabajadores de la escuela, Educación y servicios médicos se integraron luego los de Cayo Largo del Sur y otros que llegaron de forma voluntaria; por nuestras manos pasaron 733 casos sospechosos y solo dos de ellos resultaron positivos, pero a cada uno se le dio la mayor atención”.

A pesar del miedo, asegura que todos los que pusieron un poquito de sí –trabajadores, organismos, campesinos–, volverían a hacerlo porque la esencia del cubano está en su solidaridad.

Entrega de reconocimientos a quienes laboraron. Foto: Yoandris Delgado Matos

En el acto las máximas autoridades del Gobierno y el Partido aquí reconocieron la labor de cada uno y recibieron junto a los diplomas el aplauso de sus compañeros, quienes dedicaron las palmadas más fuertes a Yolaine Pérez (la guajira) y Nancy Palacios.

Yolaine Pérez, la guajira, cuenta emocionada su experiencia. Foto: Yoandris Delgado Matos

Ambas estuvieron –como se dice– al pie del cañón desde el primer día; la guajira convocada por la Unidad Básica de Alojamiento, donde labora, se enfrentó a la lavandería sola, y a sus hombros echó la carga de lavar en un día 200 sábanas, 70 toallas y más de 60 pijamas porque era lo que tocaba hacer.

“Cuando yo entré estaba en pleno apogeo el tema del nuevo coronavirus y a medida que nos entraron los recursos hubo que hacerse cargo, así que terminaba la jornada cansada, pero con la satisfacción de saber que las condiciones estaban creadas ante cualquier situación. Esa era mi forma de salvar vidas”.

Nancy fue una de las que de manera voluntaria se ofreció a trabajar allí, con la motivación de ser útil contra el enemigo invisible.“El primer día no había mucha organización, pero sí 80 personas que atender y apoyar porque tenían la sospecha de padecer un virus que en el mundo ha matado a miles.

“Nos tocó crecernos. Yo me dediqué a limpiar solita los albergues,  era mi mejor aporte. Con los pacientes intentaba mostrarme lo más alegre posible, siempre cantaba, aunque tuviera miedo o preocupación, porque ellos necesitaban ese ánimo. De cada uno aprendí y me siento mejor persona después de la experiencia”.

Como esas historias escuché también la de América, una ingresada que cayó en estado de nervios y solo se calmó con los libros donados y la canción compuesta por un enfermero para ella; y la de una familia completa que cumplió diversas tareas en el centro.

Autoridades celebran junto a trabajadores de diversos sectores el cierre del centro de aislamiento en el IPVCE. Foto: Yoandris Delgado Matos

Poco más de 70 días bastaron para cambiar la vida de los pacientes, pero sobre todo la de quienes trabajaron de forma desinteresada allí y merecen gratitud por su ejemplo de humanismo.

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Yenisé Pérez Ramírez
Yenisé Pérez Ramírez

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana

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