Retrato de una cubana

mujer-cubana-cubadebate-2La decisión fue difícil pero ella lo apoyó. Quedarse sola con las dos niñas mientras él cura a miles de pequeños en otra patria, lejos de casa y la familia no la amilana.

 

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La decisión fue difícil pero ella lo apoyó. Quedarse sola con las dos niñas mientras él cura a miles de pequeños en otra patria, lejos de casa y la familia no la amilana.

El amor profesado mutuamente durante 12 años le devuelve la paz todas las noches al acostarse y no encontrar el abrazo amoroso de su pareja tras una intensa jornada laboral o cuando a Glenda de solo dos añitos, la despierta una tos en la madrugada, mientras Grettel, la mayor, tiene un mal sueño.

Ella, una mujer cubana, tan parecida a Mariana Grajales o Vilma Espín, es hija, madre, esposa y trabajadora de “buena madera”, criada al calor de una familia exigente, disciplinada y honesta, en la cual corre sangre revolucionaria, esa que no difama ni humilla a la patria que le vio nacer.

Su esposo cumple hoy misión internacionalista en Venezuela y ella acomete otra aquí. Se levanta bien temprano, les prepara el desayuno a sus princesas, las alista para el círculo y la escuela, llega a su trabajo, del cual regresa en el horario de baño y comida, atiende a las niñas y luego de dormidas, alcanza a ver los últimos minutos de la telenovela, se acuesta y comienza un nuevo día.

Hay días que solo descansa unas pocas horas, pues cuando los gatos ronronean por los tejados, Leonor adelanta la comida del siguiente día, acondiciona el uniforme escolar de la de seis años, limpia la casa, lava los blumers que su pequeña ha orinado y cuando al fin cae extenuada en la cama recuerda que esa semana es la fiesta en su barrio por el aniversario 52 de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), de la cual es activista.

Los fines de semanas le parecen cortos. Lleva a las niñas a jugar en el parquecito, a Grettel a las clases de pintura en la Casa de la Cultura, visitan a su abuela Nancy, siembra una nueva planta en el jardín de la casa, miran los muñequitos en el televisor, prepara la documentación de su trabajo y ayuda a sus pequeñas en la creación de portarretratos y recipientes para los pinceles según el programa televisivo Art Tak.

Viven solas, es por ello que le resulta más difícil estar pendiente de cada detalle en la educación de sus hijas, en las labores del hogar, la responsabilidad en el trabajo y su compromiso con las organizaciones de masas como la FMC y el CDR, pues cuando Víctor estaba en Cuba, las tareas eran compartidas y los sábados y domingos no se le hacían tan largos.

Han transcurrido unos meses y Leonor no se desvanece a pesar de llevar ahora todo el peso sobre su espalda. Sabe que existen miles de cubanas igual que ella asumiendo el rol de madre y padre en ausencia temporal de su pareja, con la añoranza del pronto regreso de su fiel amante y eterno compañero de vida.

Ayer compartió junto al resto de las federadas de su delegación y gritó a viva voz: “¡Felicidades mujeres cubanas”.

 

 

 

 

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