Responsabilidad a la deriva

La alerta a las familias para cumplir dentro y fuera del entorno doméstico los protocolos sanitarios y frenar el contagio por covid-19 ha sido una constante desde su llegada a Cuba.

 

Grande ha sido el esfuerzo del Gobierno por afectar lo menos posible la continuidad del curso escolar, manteniendo a salvo el tesoro más preciado de la nación: nuestros niños, jóvenes y adolescentes. Sin embargo, la responsabilidad en este sentido parece estar cayendo al precipicio.

 


Tanto en las calles, como en las cercanías de los centros de estudio y la comunidad se ven jugando o reunidos sin hacer el menor caso a las disposiciones.

 

Apenas cinco minutos frente a la Esbu Fructuoso Rodríguez bastaron para constatar el relajo imperante sin que del centro alguien se proyectase a requerir a los estudiantes.

 

¿Quién se hace responsable de dicha actitud? ¿Dónde queda el control social? ¿Se exige con rigor el acatamiento estricto de las medidas de bioseguridad?

 

En realidad velar por su cumplimiento es responsabilidad de todos, más cuando prevalece el incremento de diagnosticados en edades pediátricas –hoy vulnerables–, muestra de que algo serio sucede con el orden y la disciplina en nuestro entorno.

 

Al grupo antes mencionado –cuyo actuar despreocupado dejaba mucho que desear–, luego de sugerirle colocarse de manera correcta la mascarilla –poco fructífero, pues al dar la espalda muchos asumían la misma actitud irresponsable–, les pregunté si conocían las medidas, los riesgos, las vías de contagio, qué sucedía con el nuevo coronavirus… Sí, dominaban el contenido, pero ¿por qué no lo aplican si saben cuán letal resulta? ¿Dónde quedaron la percepción del riesgo, la exigencia individual y colectiva?

 

Se ha trabajado en la educación sanitaria y la promoción de comportamientos que fragmenten la cadena de contagios y la duración de este rebrote, sin embargo debemos ser constantes, no cansarnos, repetir cuantas veces sea necesario en pos de favorecer el control de la epidemia y acabar con la hegemonía de la irresponsabilidad.

 

 

El presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, llama de manera continua a “no ceder en el empeño de superar estos desafíos y retos” impuestos por una enfermedad impredecible que aprovecha cada descuido y amenaza con volverse endémica, es decir, piensa llegar para quedarse. ¿Cederle el paso sin dar pelea? Eso jamás. Las mejores y más sencillas armas las tenemos a mano, hagamos uso oportuno de ellas.

 

Dejar solo a las autoridades encargadas la tarea de prevenir o llamar la atención no asegura el triunfo ante el Sars-CoV-2. Es imprescindible el respaldo colectivo, cerrar filas en el actuar responsable, reflexionar en que, al final, la proliferación de dichas actitudes pone en peligro la vida de cada uno de nosotros.

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