Resistencia IV: Todo sirve

“Para mí todo esto tiene uso”, dice Carlos. Foto: Deny Extremera San Martín.

“¿Ves esas fuentes? Son sacadas de viejos televisores Krim 218 o Caribe… Las puedes convertir en un cargador de baterías de 12V, que la gente busca mucho para carros o motos. Si alguien necesita un transformador de 110 a 220, lo haces también. Y esos televisores te los puedes encontrar por ahí, tirados en las esquinas. Porque mira estos transformadores, de 110 y 220… los vendieron en las tiendas hace mucho, pero ya no los venden. Entonces, puedes resolver con un televisor Krim o un Caribe”.

En su taller de Santos Suárez, en La Habana, Carlos me da en unos minutos una disertación en la que se entremezclan la electrónica -de la que nada entiendo por mucho que me explique-, el reciclaje y hasta las relaciones entre vecinos, en el barrio.

“Son equipos a los que les llaman ‘viejos’, que están rotos por una u otra cosa, y se quedan para piezas de repuesto. Porque vas al mercado a comprar una pieza para un televisor, una grabadora, una lavadora, un ventilador, y no hay. Hay que cogerlas de equipos que están en uso, pero parados por alguna razón. Hasta un tornillo. Por ejemplo, una olla reina: un tornillo m5 no lo encuentras fácilmente, y sujeta la resistencia abajo”.

Casi todo, cuando llegue el momento, puede tener uso. Foto: Deny Extremera San Martín.

En el sector de los autos hay clasificaciones -antiguos, clásicos, vintage…- y un mínimo de 30 años para clasificar. Veo la montaña de equipos diversos en el taller de Carlos y le pregunto: ¿La época no importa? “Son de años recientes, la época no importa porque la electrónica es la misma. Esa tecnología que ves ahí es aparentemente vieja, pero es lo que la mayoría de la gente tiene hoy. Un capacitor, un transistor, da lo mismo que esté en un equipo de música o en un televisor”.

Algunos le venden los equipos “viejos”, pero “a veces no los venden. Me los traen y me dicen ‘mira, esto lo tenía en la casa’ y me los dan. Hay quienes vienen y me dicen ‘mecánico, dame cualquier cosa por esto’, y me los dejan porque es eso o botarlos en la basura. A veces, muchos de estos equipos los recoge la gente por ahí, pues ya los han botado otros, y me los traen. Saben que tienen una utilidad”.

De ahí se sacan placas, transistores, filtros, capacitores, flybacks… “Y resuelve la gente y resuelvo yo”, me dice, mientras me muestra su reserva de placas de ventiladores.

Equipos diversos, con piezas de repuesto que resolverán problemas en otros equipos. Foto: Deny Extremera San Martín.

“De cierta manera, te conviertes en un receptor de cosas que aún pueden ser útiles. Es reciclaje”, le comento.

“Claro, se recicla. Con los técnicos se recicla y todavía se le da uso a las cosas. Porque las empresas lo llevan a Materias Primas y se muele. Si de todos los equipos que se dan de baja técnica y se llevan a Materias Primas se sacaran las placas y otros componentes y se les vendieran a los trabajadores por cuenta propia, sería una ayuda para nosotros, y mucha gente resolvería”.

Carlos extraña las ferias de equipos ociosos. Ahí compraba piezas, y todavía las utiliza. “Si no trabajas en esto y no entiendes, lo botas. Pero el que trabaja en esto y sabe lo que digo, no lo bota. Lo reutiliza. Para mí todo esto tiene uso”.

Recuperando un viejo auto. Foto: Deny Extremera San Martín.

“No se puede parar”, dice uno de los pintores. Foto: Deny Extremera San Martín.

En los barrios hay técnicos de equipos, y hay carpinteros y zapateros del barrio, plomeros del barrio, electricistas del barrio… Hay el vecino que “se le cuela a todo” y ayuda sin demora y nos evita tener que pagar las tarifas de plomeros o electricistas que a veces superan la economía familiar. Vecinos como mi amigo Ricardo, quien siempre tiene una solución para todo y casi siempre una pieza -de tantas guardadas- o una herramienta para resolver un problema, y las da sin vacilar ni pedir nada a cambio. Lo más importante: tiempo, siempre, para ayudar y dar.

Pocas veces pude ayudarlo -con alguna habilidad menor, un tornillo o una tuerca, una pieza de madera o hasta un pedazo de lija, nueva o reciclada-, pero en esas ocasiones sentí el orgullo auténtico de asistir mínimamente a alguien como él, uno más de ese ejército de bricoleurs -los que “le saben a todo”- que hay en La Habana y en toda Cuba y tanto bien hacen a vecinos y amigos. Y que -siendo realistas- tantos dolores de cabeza y tanto dinero (en pagos por servicios) les ahorran.

A la casa de Armando llega lo que muchos en el barrio desechan o ya no quieren. Tendrá nuevos usos. Foto: Deny Extremera San Martín.

Madera por todas partes. Foto: Deny Extremera San Martín.

La casa de Armando es su taller de carpintería, y desde el portal hasta el fondo, donde está la sierra, hay viejas puertas y butacas, secciones de marcos de puertas y otros pedazos para los que siempre se puede hallar uso.

Mi experiencia me lo demostró pero igual le pregunto: ¿Cuál es mejor, la vieja o la nueva? “La vieja madera. Pasó la prueba del tiempo y, si tuvo bichos, ya llegaron hasta donde podían llegar”, me responde. Con vieja madera ha resuelto muchos problemas en el barrio. Nunca dice que no; siempre hay algo que se puede hacer, inventar. Mucha madera aparece por ahí tirada, o se la traen, o la compra.

Como Armando, muchos no dejamos pasar la oportunidad cuando vemos una vieja silla o butaca tirada por ahí; una sección de una antigua mampara o puerta. O una vieja máquina de escribir, un botellón de los que ya no se ven, una sección de reja, fragmentos de madera con hermosas molduras que hoy no se hacen. Y en el poco tiempo libre disponible rehacemos, armamos un mueble con dos desechados, restauramos puertas o ventanas, o “resignificamos” objetos: viejos objetos que pueden ser partes de hermosas lámparas u originales mesas, adornos o nuevas cosas que, también, ganan nuevos usos.

Esa vocación de reciclar y resignificar objetos puede verse en los estudios de artistas y en las tiendas de artesanía, pero también en muchos jardines, casas y patios en Cuba. Y no solo en Cuba.

También en la artesanía. Foto: Deny Extremera San Martín.

Y están aquellos con vocación de reunir la memoria, los viejos objetos que no queremos perder y recogemos en espera de algún uso -a veces estético, a veces práctico-; que pueden, incluso, dar valor a los espacios que habitamos o donde trabajamos. Como el gabinete de Raúl -montador y conservador en el Convento de San Francisco-, quien en fines de semana ha ayudado con su oficio a muchos que buscan soluciones -estéticas o prácticas- en sus casas.

Raúl, montador y conservador en el Convento de San Francisco. Foto: Deny Extremera San Martín.

Cosas que una vez usamos y son parte de la memoria de muchos. Foto: Deny Extremera San Martín.

Crear y “resignificar” objetos. Foto: Deny Extremera San Martín.

Y están los zapatos a los que “se alarga la vida”, la ropa pasada entre hermanos o primos o vecinos, las piezas adaptadas en automotores; los recipientes llenos de tuercas y tornillos y arandelas recogidos por ahí; los motores de veteranas lavadoras convertidos a tantos usos, el concepto de “armar” cualquier cosa… Cada hogar tiene una historia, y cada quien ha inventado o armado algo, de pequeñas a grandes cosas.

Nadie puede negar que la base es la necesidad. La necesidad porque no hay, o no tenemos -equipos, piezas o dinero-, o no habrá por un tiempo. Nadie puede negar que todos quisiéramos que todo fuera más fácil. Pero sobrevivimos, y vivimos, en ocasiones respondiendo a la pura necesidad; en ocasiones en círculos virtuosos de necesidad y creatividad que son y serán imprescindibles en tiempos difíciles o no, en un mundo donde se imponen hoy el reciclaje y el uso racional de las cosas.

Antiguos, y andando. Foto: Deny Extremera San Martín.

Carlos, Armando, Ricardo, Raúl y otros muchos -en una versión doméstica de las industrias creativas, que tanto tienen por aportar al desarrollo de Cuba-, encuentran siempre el camino hacia las soluciones. Son un muro contra el que se estrellan cualquier noción de obsolescencia programada y el trabajo de algunos que se concentran en cerrarnos puertas y privarnos de todo, cuya política se hace más perversa y malignamente oportunista al querer quitarnos más cuando más difíciles se hacen los tiempos.

Reciclamos, inventamos, resignificamos, recomponemos, arreglamos, creamos… Algunos por dinero -porque de algo hay que vivir-; otros por iniciativa propia para resolver el problema propio; otros colaborando con el prójimo, por solidaridad y cercanía. Siempre, en el resultado final, resolviendo un problema, ayudando. Siempre seguimos.

Nadie nos priva del deseo y la voluntad, el gusto de crear. Siempre encontramos salidas, porque aprendimos por pura necesidad o sentido económico, por sentido común y sabiduría, por placer estético y hasta sentido patrimonial, que todo sirve.

Particular gusto estético o posible solución en algún momento. Todo sirve. Foto: Deny Extremera San Martín.

#NoMásBloqueo Cuba
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