Recuperación no significa relajamiento

Foto: Tomada de Internet

Lo peor ha pasado; al menos, en la Isla de la Juventud y en las provincias del país, con excepción de La Habana. El anuncio del primer ministro cubano, Manuel Marrero Cruz, causó satisfacción entre todos: Cuba inició desde el jueves 18 de junio la primera fase de la recuperación tras el enfrentamiento a la COVID-19.

Sin embargo, el jefe de Gobierno explicó el proceso de desescalada e insistió en la necesidad de mantener las medidas de distanciamiento físico, así como el uso del nasobuco, una prenda tan común como necesaria por estos días.

Que el Consejo de Ministros haya decido iniciar la etapa de recuperación en el país no significa que seamos descuidados o debamos relajarnos. La experiencia de otras naciones y las predicciones de los modelos matemáticos desarrollados por un grupo de expertos cubanos advierten sobre la posible reaparición de la epidemia.

Un rebrote del nuevo coronavirus echaría por tierra el esfuerzo de los profesionales del sistema de Salud y de otros sectores movilizados en el Municipio para prevenir y mitigar el contagio con la ya denominada enfermedad de la década. Por tanto, aunque la alegría nos desborde, también deben inundarnos la responsabilidad, el compromiso, sentido de pertenencia y la disciplina.

¿Qué entender entonces por recuperación? Según el Primer Ministro en su intervención en la Mesa Redonda, es una etapa de tres fases para arribar de forma asimétrica y gradual a una “nueva normalidad”, que requerirá la aplicación de protocolos de salud para reducir riesgos y vulnerabilidades.

Aunque a no pocos les cueste entenderlo, algunas medidas instauradas durante el enfrentamiento a la pandemia llegaron para quedarse. De eso se trata la “nueva normalidad”: regresar a las actividades cotidianas siempre y cuando no signifiquen un peligro para la salud, pues el coronavirus no desapareció, solo ha sido controlado por los especialistas sanitarios.

Las buenas prácticas como el constante lavado de las manos, el uso del nasobuco, la desinfección de superficies… y todo lo relacionado con mantener la higiene, continuará para evitar rebrotes del SARS-CoV-2 y prevenir las infecciones respiratorias agudas.

Esas medidas resultaron factibles, pues, el nuevo coronavirus dejó tragos amargos, pero también saldos positivos. Si bien en el territorio lamentamos la pérdida de un paciente, otros 41 superaron la enfermedad. Asimismo, la COVID-19 puso a prueba la capacidad de respuesta y organización de las instalaciones de Salud Pública.

Además, este período permitió a la dirección del país y de la Isla “corregir el tiro” sobre varios asuntos de interés social. En el orden económico y laboral, en la etapa de recuperación, continuarán el trabajo a distancia, la venta controlada de módulos de aseo, el fomento a la producción de alimentos y el autoabastecimiento territorial.

Durante estos meses de pandemia, las muestras de compromiso también han aflorado: hubo mujeres que confeccionaron nasobucos para la comunidad, jóvenes mensajeros en zonas rojas y al cuidado de las colas en los establecimientos de Comercio, delegados de circunscripción del Poder Popular movilizados a disposición del pueblo…

Por tanto, si en la etapa más dura, donde abundaban el temor y la cautela, entre todos vencimos a un enemigo minúsculo pero letal, ahora, cuando corresponde disfrutar de esa victoria y sostenerla, deben continuar la responsabilidad y disciplina para que la COVID-19 no venga a arrebatarnos el trofeo de la tranquilidad.

(*) Estudiante de Periodismo  

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