Recuerdos atesorados

EXPLORADORES-1Con los ojos vendados, Thalía estaba pendiente al sonido del silbato. Nerviosa, acostada en la hamaca memorizaba dónde estaba la linterna, cuchara y cantimplora. Era la primera vez que mostraba sus habilidades como pionera exploradora y temía no llegar al final.

 

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Fotos: Archivo

Con los ojos vendados, Thalía estaba pendiente al sonido del silbato. Nerviosa, acostada en la hamaca memorizaba dónde estaba la linterna, cuchara y cantimplora. Era la primera vez que mostraba sus habilidades como pionera exploradora y temía no llegar al final.

Cuando llegó el momento, la algarabía del maestro y amiguitos del aula retumbaba en sus oídos. Se levantó rápido, haló la hamaca, la envolvió, se puso de rodillas, recogió los utensilios y los colocó dentro de la mochila. Ató fuerte las asas y con el fusil de madera en hombro gritó: ¡Lisssssto!

En la posición de firme, escuchaba los gritos: ¡Ganamos, ganamos! y la vencedora de pie ante el triunfo, descubrió su pasión por el Movimiento de Pioneros Exploradores.

Seguir pistas y señales, brindar los primeros auxilios, hacer un fuego cónico, era lo que más cautivaba a la Santanilla, apodo que mereció por su pequeñez y empeño en dejar ronchas de amor en el recuerdo de su tropa.

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De seguro, ustedes también disfrutan de subir la soga, hacer el ballestrinque, el nudo margarita y orientarse a través de los puntos cardinales.

Al principio sumergirse en la aventura será complejo pero en la medida en que trabajen con sus profesores guías aprenderán muchas habilidades y alcanzarán las categorías: Explorador Mambí, Rebelde y  de la Victoria.

Estas distinciones demostrarán su paso por el Movimiento y lo preparados que están para la vida en campaña.

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En las travesuras conocerán quién fue el primer pionero mártir, el himno del Movimiento, asistirán a acampadas y a un lugar mágico: el campamento Amistad con los Pueblos, un hermoso lugar creado para que ustedes muestren sus destrezas, jueguen en el parquecito, busquen el tesoro escondido y bailen al ritmo de una pegajosa conga.

Al final de la marcha atesorarán un arco iris de alegría como el de Talía, quien al despuntar el alba, abrió la ventana del cuarto y narró esta historia para ustedes.

 

 

 

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